miércoles

jueves4



Gelya y Brenna retozaban felices, besándose en la cama King-size en el cuarto del Hotel San Augustine cuando un toque a la puerta interrumpió su alegre capullo. Habiendo arribado tan solo un momento antes y sin siquiera comenzar a desempacar decidieron probar la suavidad de la cama antes q nada, una cosa llevo a la otra y... — ¿Quién podrá ser? —Brenna se quejó arreglándose la ropa, fue a abrir la puerta mientras Gelya se ponía presentable y salía de la cama.
Sus ojos verde esmeralda se abrieron como platos cuando una atractiva mujer de ondulado cabello castaño pasó a un lado de Brenna. Su amante ni siquiera se inmuto ante la desfachatez de la mujer—Tu padre es un soberano idiota—escupió la mujer antes de dejarse caer en una de las sillas acolchonadas que había en la habitación.
—Dime algo que no sepa—suspiró Brenna al tiempo que permitía que un hombre alto y de cabello oscuro de ojos azules entrará, uno que Gelya reconoció inmediatamente en el mismo instante en que este dio un paso en el interior de la habitación ¡Por todos los cielos, George! Si que te sentaron bien los años! noto Gelya cuando el joven entro regalándole una sonrisa.
—Por cierto, soy Wendy, —la mujer explicó ofreciéndole la mano a la confundida rubia.
—Gelya, —la contadora respondió aceptando la energética mano de la mujer.
— ¿Gelya? —Wendy dijo feliz. —George, ven. Le debes a esta mujer una disculpa, —comandó. Gelya quien miró maravillada la asertividad de la mujer, Brenna y George simplemente sonrieron. —Ser un idiota ha de correr en la familia, —Wendy continuó diciendo mientras George sonreía.
—Es su palabra del día, —George explicó acercándose a Gelya. —Pero como es usual, mi querida esposa esta en lo correcto.  Si que te debo una disculpa.
—George, eso fue hace mucho tiempo, —Gelya dijo, viendo la sinceridad en sus brillantes ojos azules.
—Gelya, lo que hice fue abominable, —George insistió —Ni que decir de irrespetuoso. No trato a las mujeres de esa forma y no estoy criando a mis hijos para que se comporten en forma tan despreciable.
—Gracias, —Gelya respondió, quedando boca abierta.  Era aparente que George ya no era el adolescente desgarbado, quien les había contado a todos los chicos de la escuela que había triunfado con ella en el baile escolar.  En su lugar estaba un hombre sensible y seguro.
—Buen niño, —Wendy halago a su marido.
—Bueno, es que ya soy un adulto y comprendo lo que hice, — dijo amablemente George.  —Aparte de eso ya que tengo dos hijas, cambia mucho el punto de vista de un hombre.  —George apresuradamente metió su mano en su bolsillo y saco su cartera y le mostro a Gelya las fotos de sus 4 niños.  —Nuestros angelitos.  —declaro George orgullosamente.
— Mas bien terroristas.  —se rio Wendy.  —Este es el mayor, Brennen, aquí están las gemelas Mary y Grace y el que parece estar escondiéndose de la cámara es nuestro pequeño, Jefferson.
—He escuchado mucho sobre ellos de su Tía Brenna, —Explico Gelya.  —Son hermosos.  —Ambos Wendy y George se sonrojaron por el cumplido.  — ¿Los acompañaron?
—No, —gruño Wendy.  —Según el Señor George, los niños solo deberían de ser vistos solamente cuando es necesario.  Y en esas ocasiones solo vistos y no escuchados.  Les juro que no comprendo cómo lograron criarse en esa casa.  Y ni tengo que decir que no me llevo bien con los suegros.
— ¿En serio?  —Comento Gelya bromeando.  — ¿Y porque será eso?
—Porque yo hablo.  —comentó graciosamente Wendy.
Gelya nunca se dio cuenta que sofocante fue crecer para los niños McKenzie en su hogar.  Sus propios padres la presumieron lo más que pudieron, siempre animándola a ser su propia persona.  Y aun con la incomodidad que sentían por su estilo de vida, siempre le dejaban saber que la querían.  Y Brenna solo era permitida en la casa de sus padres cuando estos ordenaban su presencia en ella.  —Bueno, la cena parece que será divertida.  —Ofreció Gelya juguetonamente.  George solo miro sus zapatos mientras Wendy rechinaba sus dientes.
—En realidad por eso estamos aquí.  —Empezó a explicar Wendy resentida.
—Déjame adivinar, —Brenna empezó con un suspiro frustrado.  —Si no voy a llevar a alguien que ellos consideren apropiado, debo de ir sola.  —Sus ojos se oscurecieron de ira.  —Bien Gelya, eso solo quiere decir que saldremos a cenar solas esta noche.
—Con nosotros, —Aserto George.  —Le dije a papa que nunca dejarías a tu pareja atrás.  Y como yo tampoco tengo intención de seguir con sus juegos prejuiciosos, le dije que Wendy y yo tampoco cenaríamos con ellos.  El puede cenar con mi madre para variar.
—Gracias, —Dijo Brenna suavemente dándole un fuerte abrazo a su hermano.
— ¿Y qué comento tu madre sobre todo esto?  —Pregunto Gelya curiosamente, recordando que jamás había escuchado ni una sola opinión de ella.
—Mi madre nunca dice mucho.  —suspiro Brenna.  —No cuando esta mi padre.  Y jamás ha mencionado mi sexualidad.  Para ser sincera ni sé cómo piensa.
—Eso es tan triste.  —Concluyo Gelya.
— Si lo es.  —Acordó Brenna tristemente.
Durante la cena Gelya se perdió en carcajadas mientras Brenna y George recordaban algunas de sus travesuras de niños.  —Bueno Brenna me tenía colgando de los tobillos por el lado del balcón, amenazando mi vida cuando Constance empezó a gritar que me dejara ir.  Y yo empecé a gritar que si me dejaba ir eso quería decir que me dejaría caer.  Aun no entiendo porque nos castigo a los dos.  —George dijo concluyendo su relato.
—A mi me castigaron por colgar tu trasero inútil desde el balcón del Segundo piso y a ti por haberte robado mi diario, mocosillo.  —Explico Brenna caminando del restaurant y en dirección de la fiesta de coctel.
— ¿Quien era Constance?  —Pregunto Gelya.
—Una de nuestras niñeras hasta que George la espanto.  —Explico Brenna.
— Tú la espantaste.  —George retruco a la vez que entraban a la fiesta que estaba por todo lo alto en el restaurant Birmingham, que era uno de los lugares más finos de Covington.
Gelya sintió esa sensación familiar de temor apretar su corazón y Wendy siguió a los peleoneros hermanos dentro del elegante salón.  —Es verdaderamente increíble.  —Ofreció Wendy al tomar el brazo de Gelya.  —Una de las niñeras —como si no fuera gran cosa ser criado por la servidumbre.  —Tengo que admitir que no me falto nada creciendo pero jamás estuve expuesta a algo como esto hasta que George y yo empezamos a salir.  Perdóname por decirlo como eres de aquí también, pero Covington es como un lugar que se estanco en el pasado o de plano es de otra época.
—No soy de aquí, —Clarifico Gelya.  — ¿Conoces la parte de la cuidad que se llama pueblo Sutter?
— Si, es la parte dilapidada de la cuidad al otro lado de las villas del tren.  —Comento Wendy.
—Pues soy de allí.  —Explico Gelya, Wendy parpadeo sorprendida.  —La parte de la cuidad dilapidada que está desapareciendo rápidamente porque la familias más finas necesitan campo para crecer.  Allí es donde me crie.  Yo solo fui a St. Marks porque fui lo suficientemente inteligente como para obtener una beca.
—Que bueno por ti.  —Wendy observo.  —Al parecer ambas seremos el aire fresco que la familia McKenzie necesita.
Gelya abrió su boca para protestar. Wendy pareció aceptar fácilmente que Gelya iba a ser parte del futuro de Brenna. Mientras observó a su amante rodeada por gente, las dudas de Gelya volvieron. —Mírala, — dijo con una sonrisa. —Es como si el tiempo hubiera detenido. Solía ser la mejor, la más brillante, y todavía lo es. ¿Hay alguna duda de porque me enamore de ella entonces y porque aún la amo?
Antes de que Wendy pudiera responder a su comentario, tanto George como Brenna les hicieron señas para que se les acercaran. Gelya respiró profundamente antes de detenerse al lado de su amante. Notó las miradas perdidas que recibió de varias personas a su alrededor. —¿Gelya? —una voz la saludó y se sorprendió al escuchar su propio nombre. Se dio la vuelta para ver a Michael McGowan, quien había sido parte del equipo de futbol americano. —No te había visto desde la graduación. Me alegra que pudieras venir—dijo sinceramente. Brenna pasó su brazo alrededor de la cintura de Gelya.
—Michael, me alegra verte. — Gelya respondió, realmente sorprendida de que el hombre la recordara.
Mientras la velada pasaba, Gelya se quedó sorprendida ante el número de personas que la reconoció y saludó al pasar. Primero pensó que era porque estaba junto a Brenna, pero pasó también cuando no andaban juntas. Otra cosa que la sorprendió fue lo viejos que sus antiguos compañeros de clase se veían. Muchos de ellos parecían papás y mamás de alguien. Claro, la mayoría lo era.
Bostezó y se puso a buscar a su amante. La encontró en el bar con Michael y un par de personas más, entre ellos a quien reconoció como Steve Standish, el hermano menor de Huey. Notó algo interesante. Steve estaba de pie junto a Michael de una manera muy familiar. Notó los anillos de matrimonio que ambos tenían, los cuales estaban combinados. —Oigan, chicos, ¿les molesta si me robo a Brenna? — Dijo amigablemente.
— ¿Tan temprano? — El hombre grande protestó.
—Sí. — Gelya confirmó poniéndose su mano en el brazo de Brenna. —Alguien tiene un torneo de tenis en la mañana y ya oí a Buffy diciendo que va a barrer el piso con Brenna.
—Ni pensarlo— Steve protestó. —Mi dinero está contigo. Personalmente me encantaría verte quitarle esa cara de confianza a mi cuñada.
— ¿Buffy se casó con Huey? — Gelya respondió, entretenida.
—Ugh, — ambos hombres contestaron.
Vio la mirada que Steve le tiró a Michael. —No dije una palabra sobre Su Alteza— Michael se defendió. —Le prometimos a tu Papá que seríamos buenos.
—Vamos, hermoso. Tenemos un torneo de golf en la mañana. — Steve le dijo. —Papá cuenta con nosotros.
— ¿Así que tu Papá está en tu equipo y no en el de Huey? — Brenna preguntó.
—Sí, Papá reconoce un equipo ganador cuando lo ve. — Dijo Steve, confiado.
—Justo cuando Brenna iba a contestar, un hombre grande y borracho atravesó la multitud y echó a Gelya a un lado de manera abusiva. Gelya lo miro enojada, y vio a Huey abrazar a su amante. —Aquí está la nena más linda en la ciudad. Te he estado buscando. — dijo,Huey, su lengua pesada por el alcohol. El coraje de Gelya estaba a punto de explotar cuando Brenna lo hizo a un lado.
— ¡No vuelvas a hacer eso! — Le espeto furiosa al hombre, quien la miraba confundido.
Brenna lo alejó aun más tomando su lugar junto a Gelya. La rubia sonrió, atrevidamente, poniéndose delante de su amante y enfrentándose al antiguo capitán del equipo de fútbol.
— ¿Qué? — balbuceo Huey, confundido.
—Eres un idiota. — Dijo Steve. —Y estás borracho. Dime que Buffy va a conducir.
—Estoy bien— Protestó tratando inútilmente de mantener el equilibrio. —Solo quería saludar a Brenna. ¿Cuál es el problema? — Trató de acercarse a Brenna, pero Gelya lo detuvo. — ¿Quién rayos eres tú? — Demandó acercándose a Gelya, esperando intimidarla con su tamaño.
Gelya bloqueó su camino nuevamente, notando lo fácil que sería lidiar con él borracho. — ¿Era así de estúpido cuando te llevó al baile de graduación? — Gelya le preguntó a su amante de manera condescendiente.
—No tengo idea. — Confesó Brenna. —En realidad no le presté mucha atención.
Todos los ojos cayeron sobre Huey cuando comenzó a quejarse de las acciones de Gelya de una manera poco amigable. —Suficiente. — corto Steve, molesto, mientras tanto él como Steve tomaron un brazo cada uno y comenzaron a llevárselo.
—No voy a ningún lado hasta que Brenna me dé un beso. — Dijo Huey.
—Te sugiero que los escuches. — Una voz firme le informó. Gelya se dijo la vuelta y vio a otra ex compañera de clase, Michele Duggan, de pie junto a Huey. —Odiaría verte violar tu probatoria. — Le recordó de manera sarcástica.
—Si no es nuestra querida fiscal de distrito. —Apuntó Huey, con asco. George y Wendy se les unieron, tomando una posición protectora junto a Gelya.
—Cállate, —Otra voz regaño al borracho, un hombre con cabello blanco se puso frente a Huey quien de repente se vio avergonzado.  —Steve, llévate a tu idiota hermano a casa y Michael si quieres cachetéalo.
—De acuerdo papa, —Rápidamente acordó Steve.
—Nos vemos mañana hijos, — Agrego el miembro mayor de la familia Standish.
—Buenas noches papa, —Michael respondió con una sonrisa mientras arrastraban a Huey entre los dos.
—Señoritas, por favor disculpen las actitudes tontas de mi hijo.  —El hombre mayor les pidió sinceramente.
— ¿Que fue lo que hiciste?  —Demando Buffy al enfrentar al padre de Huey.
—Esto se pone cada vez mejor y mejor, —Gelya susurro al oído de su amante.
—Salvando a tu inútil marido de la cárcel… de nuevo.  —Explico Michele en tono fastidiado.
—Ustedes, —Buffy escupió frunciendo el ceño con claro disgusto.  —No sé quiénes son pero han cometido un grave error.  —La mujer gorda amenazo a Gelya.
—Ella fue la que dio el discurso de nuestra clase el día que nos graduamos.  —Les informo Michele.
— ¿Eh?... ¿Qué cosa?  —Murmuro Buffy al retirarse.
— ¿Tú crees que sepa lo que es eso?  —Pregunto el señor Standish.
Todos parecían estar considerando la idea cuando el Sr. Standish una vez más pidió disculpas por haber traído a Huey a este mundo.  —Gelya, me da gusto volver a verte.  —Ofreció Michele al extender la mano.  —Y quisiera pedir disculpas por no haber tratado de conocerte hace quince años.
—Gracias.  —Gelya acepto graciosamente.
—Era verdad.  —Murmuro Brenna sorprendida.
— ¿Qué cosa cariño?  —Pregunto Gelya volviéndose hacia su pareja encogiéndose al darse cuenta de la expresión de cariño que empleara.
—Te discriminaron.  —Brenna dijo en asombro.
— Si, eso hicimos.  —Afirmo Michele.  —Éramos unos pomposos idiotas.  Solo George y tú mostraron algún rastro de clase.  Una situación que yo personalmente deseo rectificar.
—Me gustaría eso, —respondió Gelya amablemente.  —Mucha gente ha cambiado en este pueblo.  Es grato saber que la gente puede madurar y cambiar.  Bueno, con excepción de Buffy y Huey obviamente.
—No puedo creer que era mi mejor amiga.  —gimió Michele.  —Tiene el CI de un tubo labial.
Hablaron por un rato más y Gelya se sentía muy contenta al ver que el cambio de actitud de Michele no era la única.  Muchos de sus ex compañeros de clase cambiaron también pero al mismo tiempo otros seguían siendo los mismos.  Cansadas Brenna y ella se retiraron por la noche y al día siguiente debían levantarse temprano para que Brenna pudiera prepararse para el torneo.
Mientras Gelya paseaba por los caminos llenos de arboles y edificios cubiertos de hiedra se sentía en paz.  También observo cuantos edificios llevaban el nombre de su pareja.  Se sentó bajo un olmo grande que daba a la biblioteca William Covington McKenzie.  Al recostarse sobre el mismo árbol donde Brenna se le acercara por primera vez hacía muchos años ese jueves por la tarde.  Le sonrió a la biblioteca.  —el viejo W.C. McKenzie ha de estar dando vueltas en su tumba después de lo que hice con su tátara nieta en la fila de antropología.  —Gelya se rio entre dientes encantada al recordarlo.
Era un lunes por la tarde después del primer encuentro sexual entre Gelya y Brenna.  Ella deambulaba por las filas tratando de buscar información para su próximo ensayo.  Estaba teniendo algo de problemas para enfocarse en el proyecto, su mente regresaba una y otra vez a la noche en que perdió su virginidad. Las caricias de Brenna fueron mágicas, cuando hicieron el amor en su cuarto y luego después en el auto de Brenna.  Gelya no había hablado con Brenna desde esa noche.  Brenna había tratado de acercarse a ella en el pasillo el viernes pero Gelya estuvo agradecida con sus compañeras de clase por mantenerla ocupada como para evitar que fuera tras ella.  No sabía que se suponía debía decirle o hacer después de haber compartido una experiencia tan intima.  Gelya siempre se había considerado toda una señorita y siempre pensó el día que perdiera su inocencia sería con alguien con quien por lo menos tenía una relación más o menos estable.  Nunca hubiera considerado que sucedería a causa de un juego inocente de cosquillas que escalaria a puro e inadulterado deseo sexual.  Sintió la presencia de Brenna segundos antes de verla.  —Hola. —La voz rica y sensual acaricio su oído.  El cuerpo de Gelya tembló con renovado deseo.  — ¿No te estás escondiendo de mi verdad? —Brenna susurro a su oído.
—No, —la voz de Gelya se quebró al responder y se volteo para quedar de frente a Brenna.  Desafortunadamente al hacerlo Brenna dejo a la rubia perdida en sus maravillosos ojos azules.
— ¿Quieres hablar?  —Brenna ofreció tímidamente.  —Podemos tomar esto tan lento como tú quieras o no hacer nada y punto, es tu decisión.  Yo sé lo que quiero.
— ¿Y qué es lo que quieres tú Brenna?  —Gelya pregunto temerosa.  Brenna abrió la boca para hablar cuando unos pasos las alertaron del hecho de que al parecer no estaban solas como pensaban.  —Vamos a arriba.  La sección de antropología siempre está desierta.  A veces voy allí simplemente para pensar.
Ellas rápida y discretamente subieron hacia el último piso de la librería, y se metieron en la sección de antropología que estaba llena de abandonados y polvorientos estantes.  —Dígame, Srta. Brenna McKenzie, ¿qué es lo que quiere?  —Preguntó Geyla con voz determinada, mientras acorralaba a su amante en una esquina obscura.
—Quiero conocerte mejor, —Brenna explicó, sintiendo el cuerpo de Gelya presionarse suavemente contra el suyo—.  Y no solamente de la forma en que lo hicimos hace unos días.  Lo juro, Gelya, esa no fue mi intensión cuando te invité a estudiar conmigo esta tarde.  No sé cómo supe la forma en que debía tocarte, pero se sentía tan bien.  —Gelya podía sentir el aliento de Brenna acariciando su cara y eso la llenaba de deseo.
—Yo también lo sentí así.  —Confesó Gelya, sus manos deslizándose por debajo de la falda de Brenna, recorriendo hacia arriba por sus muslos. Una vez más era como si el cuerpo de Gelya hubiera tomado el control apoyándose contra el tembloroso cuerpo de Brenna, sus manos acariciaban los firmes muslos, deslizándose por debajo de la falda plisada. Brenna le besó la mejilla, cuando los dedos de Gelya encontraron su camino hacia el elástico de las braguitas de Brenna.  Los brazos de la morena se envolvieron alrededor del cuerpo de Gelya en un cálido abrazo, mientras ésta comenzaba a bajar la ropa interior de Brenna.
Luego de hacerlo, Gelya le alzó la falda.  Se retiró apenas del cuerpo de Brenna para poder ver la mancha obscura que ahora estaba bañada por el deseo de su amante.  Miró hacia arriba al rostro de Brenna, y vio como sus facciones estaban encendidas, alzó entonces la falda hasta la cintura.  Vio el subir y bajar del pecho de Brenna por su agitada respiración, con una mano sostuvo la falda hacia arriba y con la otra acaricio la humedad de Brenna.  —Gelya, —gimió Brenna, mirando las dos cuidadosamente a su alrededor para asegurarse que no estuvieran fisgones que pudieran ver sus acciones.  Asintieron entendiendo las dos que debían ser muy silenciosas para que nadie pudiera descubrir lo que estaban haciendo.
Los dedos curiosos de Gelya recorrieron a lo largo del sexo de Brenna.  —Mi ángel, —Brenna susurró mientras Gelya trazaba sus pliegues resbaladizos con los dedos, presionando con su pierna entre los muslos temblorosos de Brenna. Ésta acaricio la larga cabellera rubia, mientras la pequeña joven se perdía en las sensaciones que proporcionaba la pasión de Brenna cubriendo sus dedos y muslo.  Cuando Gelya comenzaba a jugar con sus dedos en el clítoris de Brenna, la morena comenzó a zafar el pequeño corbatín que estaba usando la rubia—.  ¿Puedo verte?  —Pidió suplicante Brenna en una suave voz.
—Sí, —dijo Gelya suavemente.  Se deleitó al sentir la excitación de Brenna cubriéndole los dedos, mientras seguía acariciándola.
Mientras Brenna le zafaba su corbatín y comenzaba a desabotonar la blusa blanca de algodón, la rubia presionó sus dedos contra la apertura del centro de su amante.  Brenna abrió la blusa de la rubia justo lo suficiente para poder ver sus senos, y sus caderas empujaron hacia delante.  Gelya penetró la calidez del centro de su amante, las paredes apretaron sus dedos fuertemente.  Esperó hasta que el cuerpo de la morena se acostumbrase a su caricia, mientras Brenna le zafaba el sostén y se lo levantaba, dejando libres los senos de Gelya.
Gelya comenzó a acariciar el vibrante clítoris con su pulgar mientras sus otros dedos se deslizaban aún más adentro.  —Adoro tus senos, —Brenna le susurró con admiración, tomándolos y permitiendo que le llenaran sus manos.  Sus pulgares acariciaban los pezones de Gelya.  La rubia gimió cuando sus pezones se pusieron rígidos.  Sus dedos llevaban un sensual ritmo, adentro y afuera, haciendo que las caderas de Brenna se movieran al unísono con sus caricias.
—Se siente tan bien, —confesó Gelya mientras incrementaba su ritmo y Brenna seguía jugueteando con sus sensibles pezones.  Las piernas de Brenna se abrieron para permitir que las caricias de Gelya fueran más profundas.  Gelya se fusionó con el cuerpo de Brenna a la vez que su muslo y su mano se movían urgentemente contra la morena.  Brenna la capturó en otro apasionado beso, abandonando sus senos y agarrándose fuertemente a Gelya, sus cuerpos chocando el uno contra el otro salvajemente.
Gelya sentía que el sudor bajaba por su cuerpo al poseer a Brenna con fuerza, sus lenguas entrelazadas en un apasionado duelo.  Gelya, incrementó el ritmo, rogando silenciosamente que Brenna se viniera.  Sintió que sus dedos eran capturados por las paredes de Brenna, mientras las piernas de esta temblaban.  Su amante gritó en su boca, agarrándose fuerte a los hombros de Gelya.  Ella se mantuvo frotando el clítoris de Brenna con su pulgar, a la vez que sus dedos estaban dentro de la cálida humedad de Brenna.
El cuerpo de la morena siguió arqueándose y buscando las caricias de Gelya sobre su clítoris.  Brenna temblaba y jadeaba al separarse del beso.  Hundió su cara en el cuello de Gelya y gimió de placer.  La rubia sintió como su amante liberaba su pasión una vez más y le dió un mordisco en su sensible cuello.  Gelya gruñó de deseo mientras Brenna se daba gusto en su cuello, dejando los últimos vestigios de pasión salir de su cuerpo.
— ¿Crees que siempre será así?  —preguntó Gelya, deslizándose fuera del cuerpo de su amante.
—Dios, eso espero.  —murmuró Brenna tratando de recobrar el aliento.
Mientras Brenna se subía su ropa interior y acomodaba su falda, Gelya arreglaba su propio sostén.  Brenna detuvo su pequeña mano.  Sin decir nada ésta permitió que la morena comenzara a acariciar sus senos y se apoyó en uno de los estantes de libros.  El olor a libros polvorientos apretados en su espalda, le llenó sus sentidos y Brenna comenzó a chupar sus pezones.  El cuerpo de la rubia se enarcó cuando Brenna comenzó a juguetear con sus dientes y lengua.  Brenna estaba enloqueciéndola lentamente, yendo de un pezón al otro y regresando nuevamente, Gelya temblaba y Brenna la tomaba con gusto, justo cuando estaba lista para explotar, su amante se arrodilló delante de ella y metió las manos por debajo de la falda de Gelya.
La rubia se relamió los labios de deseo y abrió sus piernas dejando que Brenna le retirara sus braguitas.  Ahogó un grito de éxtasis mordiéndose los labios, cuando la lengua de Brenna se hundió en su humedad.  Gelya mordió aún más su labio inferior separando sus piernas para dejar que Brenna fuera más adentro, mientras ésta se deleitaba con su calidez y comenzaba a succionar su clítoris dentro de su tibia boca.  Gelya cubrió su boca con una de sus manos, mientras Brenna entraba en ella con la lengua.  Sus gemidos ahogados continuaron al compás de los movimientos de la lengua de Brenna que entraban y salían de su centro, a veces enroscándose en ella.  Agarró uno de los estantes cuando la lengua de la morena regresó hacia su clítoris y sus talentosos dedos la penetraron.  La boca y los dedos de Brenna trabajaban al unísono con un ritmo frenético, hasta hacerla explotar.  La pequeña rubia estaba segura que había visto estrellas al llegar a su clímax.
Tu labio está sangrando comentó Brenna, preocupada, notándolo cuando ajustaba  su ropa.
Tenía que hacer algo, Gelya confesó tímidamente.
Después de la escuela, ¿te puedo llevar a tu casa? Brenna se ofreció limpiando el labio herido de Gelya con una servilleta.
Sí,dijo Gelya rápidamente, esperando que fuera como la última vez que Brenna lo hiciera. Podrían estacionarse en algún sitio alejado de la gente y dejar que la pasión las dominara sin preocuparse de que alguien las escuchara.
Por supuesto, eso fue exactamente lo que pasó. La sección de antropología de la biblioteca se convirtió en uno de sus muchos escondites secretos. —Fue increíble que nunca nadie nos pescara— Gelya musito para sí. En el presente podían ver la situación de manera jocosa, pero en aquel entonces todo se sentía como si fuera de vida o muerte. Pero no se podían resistir la una a la otra, y Gelya sabía en su corazón que aún sentía lo mismo. — ¿Si es así, por qué estoy aquí en vez de estar animándola desde las gradas? — Se regaño a sí misma.
Compró su boleto, descubriendo que los partidos finales de las mujeres ya habían comenzado. Encontró a George y a Wendy fácilmente y se sentó a su lado. — Qué bueno que hayas venido. — Wendy la saludó gentilmente. — Me sorprende que Buffy juegue tan bien, considerando lo fuera de forma que está.
— Eso es porque aprender a jugar tenis en el club significaba trabajar en su bronceado y coquetear con los profesionales. — Michelle, quien estaba sentada detrás de ellos, explicó. — Aún lo hace, por lo que he escuchado.
— Vamos, nena. — Gelya susurró, dándole ánimo a su amante, quien iba a servir. — Esa es mi nena. —dijo Gelya al ver a Brenna servir maravillosamente. Buffy estaba furiosa, discutiendo con el juez de silla. Gelya hizo un gesto de asco ante el teatro de la mujer.
Cuando Buffy finalmente se acomodó en su posición, Gelya notó la sonrisa que su amante le dirigió. — ¿Cómo se dio cuenta que estoy aquí? — se preguntó anonadada mientras su amante nuevamente sirvió exitosamente y ganaba la el punto. El próximo punto pasó rápidamente, Brena llevando la delantera, tres a uno. Antes de que Brenna sirviera, guiño en la dirección de Gelya. Y mientras Buffy trataba de alcanzarla, jadeante de un lado a otro de la cancha, Brenna fácilmente llevó el juego a cuatro a uno. Nuevamente el servicio de Buffy falló ante la habilidad de los poderosos brazos de Brenna, y pronto la morena tenía el juego en sus manos.
Gelya notó a Huey, quien se veía muy cansado, sentándose junto al padre de Brenna para ver el juego. Steve, Michael y el Sr. Standish (el mayor) se sentaron también, sonrientes y con un trofeo en sus manos. “Parece que el equipo de papá perdió.” dijo George, contento.
— ¿Huey estaba en el equipo de tu padre? — Gelya preguntó, susurrando, tratando de no perturbar a las jugadoras en la cancha.
—Trabaja para papá. — George explicó. —Creo que siempre pensó que Brenna se casaría con él luego de que fueron juntos al baile de graduación.
Gelya sonrió, se preguntó qué pensaría George (padre) si supiera que la única persona que tocó a su hija esa noche fue ella. Gelya sonrió, orgullosa, al ver que la multitud aplaudía eufórica al ver a Brenna ganar el partido. Buffy tiró su raqueta al suelo y comenzó a gritarle al juez de silla mientras Brenna la esperaba pacientemente frente a la malla para darle la mano. El teatro de Buffy continuó mientras le pasó por el lado a Brenna y le tiró su bolsa a su ayudante. Gelya miró la expresión de Huey. —Eso no lo va a ayudar con su resaca. — dijo.
Más tarde en la tarde, Gelya y Brenna se encontraban sentadas en un taxi que las llevaría al baile en el club cívico. No podía dejar de mirar a Brenna, quien tenía un vestido rojo. —Te ves increíble, — Brenna comentó, su voz sensual. Gelya se sonrojó ante el piropo.
—Tú también. — respondió honestamente. —No es que quiera cambiar el tema, pero, ¿tu papá te habló después del partido?
—Sí, lo hizo. — Confirmó Brenna mientas sus ojos devoraban el cuerpo de Gelya. —Dijo que bien hecho.
— ¿Sólo eso? — Gelya gruñó.
—Sólo eso. — Brenna contestó. —Buffy se disculpó frente a varios testigos.
—Bien por ella. — Gelya comentó.
—No lo dijo en serio, amor. — Brenna se rió. —Tenía que mantener apariencias, sobre todo antes de que tuviera que enfrentarse a todo el mundo esta noche. Su posición en la comunidad es muy importante para ella.
Muchas cabezas se volvieron cuando ambas llegaron a la pista de baile, ambas luciendo como  la fantasía sexual de todo hombre. Brenna puso su mano en la espalda baja de Gelya, y con una sonrisa brillante la escoltó a través de la elegante pista de baile. Gelya se sintió como si midiera tres metros de altura al ver el claro orgullo reflejado en el rostro de su amante. —Gracias. — Gelya susurró mientras caminaban a través de la pista.
— ¿Por? — Brenna respondió.
—Por amarme tanto como yo te amo a ti. — Gelya expresó con la misma sensación de orgullo.
Se acercaron a George y a Wendy, quienes también se veían muy bien. —Buen trabajo hoy en la cancha, hermanita. — La felicitó George. —Gelya, te ves maravillosa.
—Gracias, — Gelya respondió, sonriente. —Ustedes también se ven muy bien.
—No cedas ante su mal comportamiento—, le rogó Brenna. Gelya sonrió y se mantuvo firme al lado de su amante. La Sra. McKenzie le dedico una mirada algo extraña. —Papá, si hay algo que quieres decir, te sugiero que lo hagas ahora para que podamos continuar con nuestra velada.
—De ahí es donde te conozco—, exclamó la Sra. McKenzie de repente —Ella es una ex-alumna, querido. ¿No la recuerdas? Era la pequeña amiga Brenna en su último año.
— ¿Gelya, no así? —continuó La Sra. McKenzie—. Fue la mejor alumna de la generación en la que se graduó Brenna. George la acompañó a su fiesta de graduación. Ser su cita en el baile de graduación, hizo maravillas para su reputación.
—Brenna, tu sabes que cene con tu padre la noche anterior—, explicó la Sra. McKenzie, aparentemente perdida en sus pensamientos —Me senté frente a él y mientras el rechinaba sus dientes, quejándose de sus hijos, diciendo que eran unos ingratos. Me parece extraño ya que él nunca se molesto en realmente conocerlos ti o a George. Nunca puedo ver a mis hijos o mis nietos y eso es por culpa mía. Pero me quedé allí, escuchando al fanfarrón apestoso toda la noche y llegué a la conclusión de que había tenido suficiente. Ahora bien, no lo entiendo—, añadió, señalándolas a ambas, a Gelya y Brenna —Pero sé que cuando Brenna y tu eran amigas en la escuela, sus calificaciones subieron, y por primera vez en años, se veía realmente feliz. Después de que te fuiste, ella cambió. Simplemente no era la misma. No es que realmente te conociera, pero esta noche lo vi nuevamente. Ambas son felices, real y verdaderamente felices. Algún día tienes que decirme lo que es eso. Te pediría que fuera mañana, pero supongo que van a pasársela en el desayuno-almuerzo. Quisiera poder…—, añadió con un suspiro —Bueno, tengo que ver a tu padre. Disfruten de su noche, muchachas. Ustedes dos también—, añadió ella a George y Wendy que había estado escuchando disimuladamente. Luego, con una pequeña sonrisa se alejo dejando a los cuatro totalmente perplejos.
SEXTA PARTE
Varias semanas después, Gelya abría la puerta del departamento de Brenna con la llave que esta le diera no hacía mucho tiempo. Apretó la gabardina larga que llevaba puesta sintiéndose muy nerviosa de repente por lo que estaba a punto de hacer. Cerró la puerta tras de sí y echo a andar al interior en busca de su amante, a la cual encontró en el interior de su habitación hablando por teléfono. Brenna sonrío al verla y saludo a Gelya con la mano quien la veía recargada en el umbral de la puerta.
—Era mi madre—explicó Brenna al tiempo que colocaba el teléfono en su lugar— ¿Esta frío afuera? —Gelya se limitó a sacudir la cabeza negativamente— Bueno, resulta que el cambio de actitud de mi madre es permanente. Está decidida a divorciarse de mi padre.
—Wow—exclamó Gelya.
—Al parecer, luego del baíle, mi madre habló con su abogado y descubrió que la mayor parte de los bienes que ellos tienen están a su nombre—continuó Brenna—Ahora, ¿Por qué estas usando la gabardina si no hace frio?
Gelya sonrió con deliberada lentitud al tiempo que arqueaba sus cejas sugestiva entonces con estudiada parsimonia se despojo de la largo gabardina dejándolo caer al piso. Los ojos de Brenna se abrieron como platos mirando boquiabierta a su amante y en un abrir y cerrar de ojos esta saltó de la cama —No puedo creerlo —jadeo Brenna como animal hambriento ante una jugosa presa—Luces aún más endemoniadamente sexy de lo que lucías con el puesto en la prepa.
—Te dije que mi madre no se deshacía de nada—Gelya explicó contoneándose frente a su amante para darle una visión completa de cómo lucía con su uniforme escolar. Las manos de Brenna se deslizaron por debajo de su falda de la misma forma en que lo hiciera cuando iban a la prepa, debido a lo justo de la falda sus manos no tuvieron que viajar mucho para alcanzar su objetivo.
—No—Gelya la amonesto—nada hasta que te pongas el tuyo.
—Oh, no—se quejo Brenna— ¡cariño, ya no me queda!
—Tampoco el mío—le recordó Gelya.
—Sí, pero el tuyo queda justo en los lugares indicados—Brenna gimió al mismo tiempo que sus ojos azules recorrían de arriba abajo el cuerpo de Gelya.
—Póntelo—demandó Gelya zafándose del abrazo de Brenna—o me voy a casa. —Brenna no le quitó la vista de encima siguiendo cada movimiento de Gelya mientras esta se acostaba lánguidamente sobre la cama. Gelya notó complacida como la respiración de su amante se hacía más y más entrecortada y se mordía el labio inferior nerviosamente. Brenna se dio media vuelta de golpe y corrió al closet. Gelya soltó una risa divertida cuando escucho a Brenna soltar uno que otro improperio. Mientras se quito los zapatos y se relajo en la cama, esperando ansiosa el regreso de su amante.
Su corazón se detuvo y por un momento fue incapaz de respirar cuando por fin Brenna emergió del closet enfundada en su uniforme escolar. La falda le quedaba aún más corta que la de ella, dándole a Gelya una vista completa de las largas piernas de Brenna. La blusa le quedaba muy apretada, tanto que Brenna apenas si pudo cerrar los dos botones de hasta abajo—No te pusiste ropa interior—ronroneó encantada Gelya al ver que no traía puesto ni sujetador ni bragas.
— ¿Los necesito? —preguntó Brenna uniéndose a Gelya en la cama.
El cuerpo de Brenna se coloco por encima del de Gelya, al tiempo que esta recorría con la punta de sus dedos los muslos de la morena. —Te amo—susurró Brenna descendiendo lentamente y capturando los labios de Gelya. Conforme el beso se hacía más profundo, sus cuerpos se fusionaban uno contra el otro, Gelya acariciaba la firme espalda de Brenna, Mientras su lenguas jugueteaban enzarzadas en un sensual duelo, Gelya rodó hasta que Brenna estuvo sobre su espalda y Gelya montaba el muslo de su amante. Recuerdos de su primera vez juntas invadieron su mente mientras Gelyz deslizaba su mano por el cuerpo de Brenna, hizo que esta abriera sus piernas con su muslo y deslizo sus dedos dentro de su húmedo centro.
—Estas tan húmeda—jadeo Gelya recorriendo con sus dedos los resbalosos pliegues.
—Siempre lo estoy cuando tu estas cerca—confeso Brenna con un profundo sonrojo—siempre ha sido a si, incluso mucho antes de que hiciéramos el amor por primera vez.
—Solía imaginarte todo el tiempo—admitió Gelya trazando con besos un camino hacia el sur en el cuerpo de Brenna—solía yacer por las noches en mi cama tocándome a mi misma pensando en ti y en lo hermosa que eras. —Gelya recorrió con su lengua los henchidos senos de Brenna.
—Yo también lo hacía—gimió Brenna enroscando sus largas piernas alrededor de la cintura de Gelya, quien trazaba con los pezones de Brenna, el cuerpo de su amante se arqueo contra ella. Gelya capturó uno de los pezones dentro de su cálida boca. Succiono el pezón con avidez, jugueteándolo con sus dientes y lengua sin dejar por ella de acariciar y pellizcar a su gemelo con sus dedos. —Gelya —jadeo Brenna apasionada—al sentir como la rubia movía su atención al otro pezón, dedicándole el mismo tratamiento.
Los gemidos de su amante solo servía para avivar aún más el fuego de su deseo, sin más empezó a besar su camino hacia el sur del cuerpo de Brenna la esencia del deseo de su amante la acució cuando por fin le levanto la falda. Sopló aire cálido al espeso triangulo al tiempo que colocaba las piernas de Brenna por encima de sus hombros. Acomodo su cuerpo entre los temblorosos muslos de Brenna y con tortuosa lentitud empezó a darse un festín de la ambrosia que era el deseo de Brenna. Se tomo su tiempo probando todo lo que Brenna tenía que ofrecer, cada vez que la morena se acercaba al pináculo, Gelya disminuía sus caricias y cada vez que lo hacía era recompensada con un gruñido frustrado de parte de Brenna.
Lamió y probó a su amante hasta que cada fibra del cuerpo de Brenna se estremeció de puro deseo. Tomó el palpitante clítoris de Brenna entre su boca al mismo tiempo que penetraba el centro de su amante. — ¡SI! —gritó Brenna cuando las manos y la boca de Gelya marcaron un salvaje ritmo llevándola más y más alto. El cuerpo de Brenna se arqueó casi fuera de la cama mientras Gelya seguía dándole placer. Gelya sostuvo a Brenna hasta que su amante alcanzó el clima explotando contra su cara y entonces antes de que Brenna tuviera tiempo de recuperarse empezó una vez más.
Gelya empezó a juguetear una vez más con el clítoris de Brenna con sus dientes y lengua mientras sus dedos seguían entrando y saliendo del cálido centro de su amante agregando otro dedo elevándola aún más alto, llevándola a un segundo y más poderoso clímax. Brenna colapso contra la cama, mientras Gelya lentamente seguía recorriendo con su lengua el sexo de su amante. —No—suplicó Brenna deteniendo las caricias de Gelya.
—Pero…—empezó a protestar Gelya, era un argumento común que siempre tenían. Cada una de ellas adoraba darle placer a la otra hasta que la otra suplicara que se detuviera.
Gelya se movió por el tembloroso cuerpo de su amante y la halo hacia ella en un fiero beso. Brenna rodo sobre ella, deshaciendo los botones de la apretada blusa de Gelya. El beso se hizo más profundo al tiempo que removía apresurada la blusa, siguiéndole el sostén que salió volando al otro lado de la habitación — ¿Tienes idea de lo hermosa que eres? —Susurro Brenna sin aliento cuando el beso termino y la morena empezó a besar el cuello de Gelya — ¿Sabes cuánto te amo?  ¿Lo mucho que quiero pasar el resto de mi vida contigo? —Brenna declaró contra la estremecida piel antes de capturar el pezón entre su boca.
—Te amo—grito Gelya al tiempo que su cuerpo se arqueaba contra Brenna.
Brenna jugueteo con los pezones de Gelya deslizando su mano por debajo de la diminuta falda, y acunando el sexo de su amada, Gelya abrió los muslos cuando sintió a su amante acariciar su clítoris con la palma de su mano. Pronto estaba boca abajo, el cuerpo de Gelya temblaba mientras se levantaba ella misma apoyándose con manos y rodillas. Adoraba sentir el cuerpo de Brenna presionado contra el suyo, sintió como sus braguitas bajaban lentamente hasta ser removidas totalmente. Gimoteo cuando Brenna beso sus piernas en su camino hacia arriba.
Gelya abrió sus muslos cuando sintió que la lengua y labios de Brenna acariciaban su trasero. Lucho por controlar su respiración al tiempo que la lengua de su amante se hundía en su ardiente humedad, Brenna masajeo las firmes nalgas con sus manos mientras su boca se daba un festín con el deseo liquido de su amante. Las caderas de Gelya se movían hacia atrás ofreciendo más de sí misma para las caricias de Brenna. Pronto su cuerpo se movia más y más rápido conforme sentía que se acercaba al éxtasis. Grito cuando las oleadas de placer la invadieron y su cuerpo exploto de placer.
Gelya estaba por colapsar contra la cama cuando Brenna la capturo y la sostuvo contra ella, Gelya jadeo cuando Brenna presiono su centro contra su trasero y los endurecidos pezones de Brenna rozaron su espalda. Brenna beso la base del cuello de Gelya mientras sus caderas se movían la una contra la otra —Si—jadeo Gelya acelerando el ritmo y Brenna igualando el salvaje ritmo de sus caderas. Sintió como Brenna la penetraba mientras sus cuerpos se movían con mayor fuerza la una contra la otra. Gelya se aferro a las sabanas cuando los dedos de Brenna la empalaron una y otra vez.
El cuerpo de Gelya tembló de placer cuando el orgasmo se apodero de ella, Brenna sin dejar de darle placer hasta ella volvió a gritar una nueva oleada de éxtasis. Podía sentir como el cuerpo de Brenna temblaba contra el suyo cuando ella también alcanzo el clímax. Las dos jadeaban por aire, cuando fin se derrumbaron en la cama, envolviéndose en un tierno abrazo.
Más tarde, acurrucadas debajo de las sabanas y disfrutando del cálido sopor postcoital, sus antiguos uniformes tirados por todo el cuarto. — ¿Brenna? —preguntó Gelya tentativa, acurrucándose más contra el cuerpo desnudo de su amante.
—Dime, amor mío. —Brenna respondió con igual ternura.
—Me preguntaba… si acaso tu…—Gelya empezó a decir buscando las palabras correctas—…es que las dos tenemos cosas en el departamento de la otra y… yo… yo quería saber si acaso tu considerarías  buscar uno nuevo… uno nuevo para vivir conmigo. —terminó toda apresurada.
—Solo estaba esperando que me lo pidieras—respondió Brenna encantada.
FIN

0 comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.