Torrey la miró como si fuera a salir corriendo de la habitación. Taylor reconoció la expresión de terror y movió sus dedos para acariciar tiernamente
las
mejillas de la rubia. Después apoyó su mano sobre la de Torrey, que descansaba sobre el muslo de la escritora.
Torrey bajó la mirada a la mano que cubría la suya y de pronto se sintió terriblemente cansada. Cansada de guardar sus sentimientos y de cubrir la
verdad. Sentir
que le tomaba demasiada
de su energía mantener esa presunción
y
comenzó a preguntarse porqué lo hizo. Taylor
ya
le
había prometido que siempre serían amigas, pasara lo que
pasara. Apuesto a que
nunca imaginaste que te diría esto cuando me lo preguntases, Stretch.
Después de unos largos momentos, Torrey alzó una mirada colmada de
lágrimas y casi enmudeció al perderse en el azul Prusia de la mirada que tenía frente a sí. Aquellos ojos contenían tanto amor y preocupación que Torrey supo
que
tenía que decir la verdad. Negó con la cabeza en respuesta a la pregunta
de la artista.
“No, no es la verdad” dijo Torrey.
La mano de Taylor se alzó y cubrió la mejilla de Torrey con su palma. “¿Entonces ¿Porqué, Tor? ¿Es por algo que hice?”
“No” respondió la escritora rápidamente mientras sus húmedas lágrimas rodaban por sus mejillas y por la mano de la artista. “No fue algo que tú hiciste, es algo tú hubieras hecho”.
La confusa expresión
del rostro de
Taylor hizo
que Torrey
intentara
explicarse.
“Lo habías dado todo por nosotras. Habrías pasado el resto de tu vida cuidando de Jess y de mí. Sin citas, sin pareja, nunca intentaste tener tu propia vida...”
“Cariño, Jess
y
tú erais
mi vida.
Pensaba que
éramos una
familia”
interpuso Taylor secando las lágrimas con su pulgar.
“Te merecías tener tu propia familia, una relación con una mujer que
pudiera ser tu pareja. Sabía que no me querías de ese modo, pero te habrías quedado, simplemente por cuidarnos. No podía dejar que perdieras esa parte
de
tu vida. No habría sido justo. Sólo sería una egoísta al tratar de quedarme contigo”.
Taylor se recuperó de la sincera afirmación de su amiga. “¿Que no te quería de esa manera?” susurró casi a sí misma.
Lo que ordenó el lío que bullía en la mente de Taylor fue lo dicho por su
madre esa mañana.
Hay cosas en la vida por las que merece la pena arriesgarse.
Mientras se repetía silenciosamente esas palabras, pudo ver porqué su padre habría querido que ella
aprendiera esa
máxima.
él vivió por
esas
palabras. Robert Kent sabía que cada rato que estaba en un avión, él había
tomado la decisión de que tal vez no
volvería. Aún conociendo ese riesgo,
seguía volando. Amaba volar. No más que a su mujer o a su hija, pero era una parte de él, como el arte de Taylor lo era para ella. Su padre creía que era lo
suficientemente importante como para arriesgarlo todo por ello. Para él no
hacerlo hubiera sido no ser él.
Taylor se preguntó quién era en su interior.
¿Qué más le había dicho su madre?
Simplemente bésala y dile que la amas.
Taylor retiró los restos de las lágrimas de la mujer. La mirada de dolor del rostro de su amiga diezmó cualquier pensamiento que ella tuviera de retrasar la verdad
por
más
tiempo. Había
costado dieciocho años,
pero Taylor
Kent
finalmente se había decidido a escuchar a su madre.
“Torrey” dijo Taylor suavemente, esperando hasta que los preciosos ojos verdes de la escritora se unieron a los suyos. “Te amo”.
El rostro de Taylor estaba a unos centímetros del de Torrey. Inclinándose ligeramente,
rozó su boca con la de Torrey. El beso fue tan tierno como la
artista podía hacerlo al principio; finalmente, sintiendo que su amiga no tenía la
intención de romper el dulce contacto, Taylor profundizó su beso.
Mientras el hambre y la pasión tomaba el control de ambas mujeres, Taylor aprendió que el beso que habían compartido la noche anterior era pura
inocencia en
comparación. Pequeños gemidos surgieron de la garganta de
Torrey mientras presionaba con sus labios más firmemente los de Taylor. La artista se dejo caer en la intensidad de las sensaciones que los labios de su amiga producían en su cuerpo, sin poder contener más un suave gemido que
estaba escondido en la profundidad de su ser.
Torrey introdujo ambas manos en el oscuro cabello de Taylor,
estrechando con más fuerza
sus bocas. Moviendo
sus manos hasta los
hombros de Taylor, usó toda la fuerza de su cuerpo para tumbar a la artista sobre el sofá. El movimiento sorprendió a la artista, pero sentir el peso de todo el cuerpo de Torrey sobre ella hizo que involuntariamente abriera sus piernas, apretando a la mujer más fuertemente contra ella.
Las manos de Taylor no pudieron contenerse y comenzaron a moverse hasta deslizarse por debajo de la camiseta de Torrey y se perdieran entre la suavidad de la piel
de la espalda de la pequeña escritora.
“Oh,
Dios...” gimió Taylor, arqueando su cabeza hacia atrás mientras
Torrey liberaba sus labios para besar y morder la piel del
cuello de Taylor.
“Te amo, Taylor...” murmuró Torrey al oído de la mujer, antes de envolver
la boca de la artista en un profundo beso.
“Otra vez...” suplicó Taylor entre los besos. “Dímelo otra vez...” “Te amo...” repitió Torrey sin aliento.
“Oh... sí...” suspiró Taylor sintiéndose completamente indefensa mientras
sentía cómo los
botones de
su
camisa
eran desabrochados por
dedos expertos.
Torrey movió su cuerpo hasta que una rodilla se acomodó firmemente
entre las piernas de Taylor. La artista gimió ante el contacto, cerrando sus ojos
ante
el éxtasis mientras la escritora comenzó a recorrer el sendero de la abierta camisa con sus labios. De repente Taylor sintió la sonrisa de su amiga contra la piel de su pecho.
“¿Qué?”. Taylor abrió sus ojos, mirando el travieso gesto de los ojos que la miraban.
“No solías usar sujetador” comentó Torrey con una sonrisa, dando un beso donde la oscura prenda comenzaba.
Taylor dejó caer su cabeza hacia atrás contra el sofá y rió. “La madurez nos alcanza antes o después, amor...”
Ese fue el
turno de
Torrey
para
ser sorprendida mientras la artista aprovechaba ese momento para voltear a la mujer más pequeña de espaldas.
Taylor mantuvo la mayoría de su peso en un codo, dejando que el resto cayera contra la mujer que tenía bajo ella. Los
muslos cubiertos de tela vaquera se alzaron y se colocaron a horcajadas sobre Torrey. Su mano libre se deslizó bajo la camiseta contra la suave piel de la escritora. Taylor se movió y cubrió la boca de la escritora con inundado frenesí; sus dedos acariciaron cada pedacito de carne que podía tocar.
De nuevo susurró las palabras que habían comenzado todo. “Te amo,
Torrey... siempre te he amado”.
Torrey se detuvo y miró con sus cristalinos ojos a los que bullían en un
fuego azul frente a ella. Alzó sus dedos para acariciar los labios que habían
emitido esa poderosa declaración de amor.
“No estoy segura de qué sucedió, pero tengo miedo de preguntar... tengo
miedo de que esto sea el final” murmuró suavemente Torrey.
“Oh, cariño...” comenzó Taylor, su mano libre moviéndose para acariciar tiernamente el rostro que tanto adoraba. “Ahora que sé que también me amas,
no pienso dejar que termine... Torrey” dijo Taylor con una voz repleta de deseo, “acuéstate conmigo”.
“Oh, Dios, sí...” gimió Torrey.
Estaban en medio de la gran habitación. Las puertas francesas estaban ligeramente abiertas y el rumor de las olas golpeando en las rocas se filtraba hasta ellas. Taylor tomó el
rostro de la pequeña rubia entre sus manos y la
besó
una y otra vez. Torrey encontró sus manos retirando la abierta camisa de
los
hombros de Taylor, deseando sentir la piel de la artista tanto como le fuera
posible. Taylor dejó caer su cabeza, exponiendo su cuello a las caricias que los labios de Torrey le otorgaban. Los ojos de la artista se abrieron y se encontró mirando directamente a la pintura de la pared.
“Torrey... cariño...” intento Taylor decir.
Torrey deslizó sus manos por la musculada espalda de la artista, soltando
expertamente el enganche que mantenía el sujetador. Dejó que sus dedos se
deslizaran por los
hombros de
la
morena mujer, retirando
los tirantes
del sujetador y deshaciéndose de la prenda en un fácil
movimiento.
“Preciosa...” murmuró Torrey, besando la desnuda piel del pecho de la mujer donde nacían sus senos.
“Torrey... cariño...”. Taylor estaba casi sin aliento. “Necesitamos hablar...”
“Mi
amor, han sido dieciocho años... ¿no podemos hablar más tarde?”
razonó Torrey, abriendo los dos primeros botones de los vaqueros de Taylor.
“Es sólo que...”
se
detuvo Taylor intentando
recuperar y controlar su aliento. “Hay algo en la habitación que puede ser algo vergonzante cuando lo veas, y quería avisarte de que...”
“Si
es
una muñeca hinchable te prometo que no se lo diré a nadie”. Torrey
se detuvo para mirarla con un encantador brillo en sus ojos.
Taylor dejó escapar una gutural risa. “Te has convertido en una perversa
mujer”.
Torrey le sonrió, pero vio que la sonrisa de la alta mujer se convertía en un ceño. “Cariño, ¿qué es?”
Taylor giró lentamente a la mujer, dejando a Torrey frente a la pintura. Apoyó sus
manos en
los hombros de
la
pequeña
mujer,
anticipando
su
negativa reacción. Vale, Kent, ahora es cuando ella te dice lo pervertida que eres.
“Oh, Taylor... esta es la manera en que siempre había imaginado esa
imagen” dijo Torrey sobrecogida.
Taylor soltó un audible suspiro de alivio, envolviendo con sus brazos a la
mujer más pequeña y acercando su rostro a la piel de su cuello, dejando un
sendero de besos hasta la oreja de la mujer. Acarició la sensitiva carne con la
punta de su lengua, usando sus dientes para mandar un ramalazo de eléctricas sensaciones bajando por la espalda de la rubia hasta sus piernas.
“¿Que he hecho en mi
vida
para merecerte...?” susurró Taylor.
Torrey se giró dentro del abrazo de la mujer, apoyando firmemente su
cuerpo contra el de Taylor hasta que la artista sintió que sus rodillas tocaron el
comienzo de la cama. Con un suave empujón, Torrey acomodó a la mujer en la cama, agachándose para continuar el
contacto de sus labios.
Taylor abrió sus piernas y empujó las caderas de Torrey contra ella hasta que la mujer estuvo entre sus piernas. La artista abrió el
botón de sus vaqueros
descubriendo
el plano abdomen.
Taylor dejó que
sus labios y su lengua
exploraran la piel, tirando de los vaqueros para lanzarlos lejos. Los gemidos de
placer de Torrey, combinados con la sensación de su piel bajo los dedos de la
artista hicieron que Taylor estuviera a punto de explotar del orgasmo en ese ahí. Levantó la camiseta un poco más. “Taylor...” Torrey miró a la mujer que
tenía bajo ella. “Ya no seré nunca más aquella niña de dieciocho años”.
Taylor miró
la
expresión de
preocupación del
rostro
de su amante
y
respondió con
una brillante sonrisa. Se deshizo de la camiseta con un sólo movimiento.
“Gracias a Dios” murmuró la artista contra la piel de Torrey mientras
introducía su
rostro entre el valle de los pechos de la escritora, gimiendo de placer, lamiendo el espacio de la piel hasta alcanzar el endurecido pezón entre
sus
labios.
Torrey introdujo sus dedos en el oscuro pelo de Taylor, acercando su
cabeza con más fuerza hacia su cuerpo. La artista captó la indirecta y succionó con más profundidad, causando un inmediato gemido en el pecho de la mujer
que
estaba sobre ella.
Torrey gimió ligeramente ante la pérdida del contacto mientras Taylor
descendía las caricias. Deslizó ambas manos por la cintura de las bragas de la
mujer más pequeña, bajándolas, quitando la ropa interior y los pantalones de una sola vez. Torrey se apoyó en los fuertes hombros mientras retiraba primero
una
pierna, y luego otra, de sus pantalones, dejándolos hechos un montón a sus pies.
Torrey se movió para sentarse a horcajadas sobre las caderas de Taylor, pero se
detuvo y movió sus manos a los vaqueros de la artista. Agarró la
prenda en cada mano,
deshaciéndose del resto de los botones, mirando el abdomen de Taylor sobre la cama.
“Levántate” ordenó.
La artista levantó sus caderas mientras Torrey le quitaba sus pantalones y
las
bragas a una, como Taylor hubiera hecho con ella. Torrey se arrodilló entre las piernas de la artista, mirando el cuerpo de Taylor tumbado sobre la cama;
sus
extendidas piernas invitándola fue demasiado para la escritora. Apoyó una mano en la parte superior de cada uno de los muslos de la morena mujer y,
con
los dedos abiertos, deslizó sus manos por los
músculos,
sintiendo las piernas de
Taylor temblar
ligeramente
bajo
su
tacto. Entonces sus
labios recorrieron el mismo camino que sus manos habían marcado.
Torrey tiernamente
consiguió apartar los
muslos de
la
artista
más,
mientras se deslizaba más cerca de los oscuros tirabuzones de su centro. El
olor de la excitación de Taylor hizo que la rubia se detuviera, cerrando sus ojos y tomando aire profundamente, mientras sus dedos agarraban flexiblemente la desnuda piel bajo ellos para abrirse paso. Su boca salivó ligeramente ante la
vista y el olor que tenía ante ella. Sin pensarlo introdujo su rostro y deslizó
su lengua a lo largo del
húmedo sexo de Taylor, gimiendo contra la sensitiva piel.
“Dulce madre de.... ahhhh....” gimió Taylor, agarrando con sus esbeltos dedos los cortos cabellos rubios.
El sonido de la voz de Taylor, temblando y llena de deseo, hizo que la
sangre
de Torrey ardiera. La pasión de
la escritora la espoleó, perdiendo completamente el control
mientras agarraba con sus manos las caderas que ya se movían con ritmo, deslizando una
cálida lengua en su interior. Mientras introducía su lengua en la húmeda abertura de Taylor, su pulgar comenzó a acariciar el cúmulo de nervios sensitivos.
El pecho de
Taylor se movía
agitadamente
y
su
cuerpo
comenzó a convulsionarse ligeramente indicándole que estaba al borde del orgasmo .
Intentó luchar contra las
sensaciones,
teniendo
que
rendirse finalmente,
dejando que las llamas la consumieran en su interior.
“Torrey... oh, Dios... cariño, para...” suplicó Taylor.
Torrey volvió en sí de su placer alarmada. “¿Estás bien...?¿Te he hecho
daño?”
“No... cariño... ven aquí” jadeó Taylor, acercando a la mujer más pequeña
para envolverla entre sus brazos. Acarició el húmedo cabello retirándolo de la
frente de la escritora y la besó apasionadamente. Besar a Torrey, con su propio
sabor en los labios de la mujer, era algo que Taylor nunca habría creído posible y prácticamente tarareaba de felicidad entre el beso.
“Estoy genial. Lo que has hecho es increíble... demasiado increíble. Yo... Torrey, te he
querido desde hace tanto tiempo...” dijo Taylor, acariciando el rostro de su amante. “Pero sólo iba a aguantar cinco segundos y no quiero que
la primera
vez que estemos
juntas
sea
así. Podemos... ¿podemos ir más
despacio?” preguntó Taylor, intentando todavía recuperar el
aliento.
Torrey sonrió y se apoyó sobre uno de sus codos.
“Dios, no me mires así” sonrió Taylor. “Todavía me siento como una
adolescente que lo hace por primera vez”.
“Sinceramente, es lo más halagador que nadie me ha dicho” rió Torrey. “Y, creo que puedo amoldarme a tus necesidades” ronroneó. “Gírate”.
Taylor miró a la pequeña mujer tumbándose boca abajo sin poder creer,
en todas las veces que había fantaseado en ellas haciendo el amor, que fuera Torrey quien tomara el mando y Taylor la que no podría controlarse. De alguna
forma, esa imagen nunca había entrado en su cabeza, y ahí estaba, temblando de arriba a abajo e indefensa ante el tacto de Torrey. Cada momento era puro cielo, así que accedió a la petición de su amante.
Torrey tenía que concentrarse y respirar profundamente para contener la completa urgencia de violar a la mujer que tenía tumbada frente a ella. Se
sentó a horcajadas sobre las caderas de la artista y sacudió su propia cabeza para mantener el control sobre sus incipientes manos. Todo había pasado tan rápidamente que apenas había tenido tiempo de
darse que era Taylor quien
estaba tumbada bajo ella, gimiendo de placer entre las sábanas.
Torrey retiró el largo pelo caoba y deslizó su lengua por la sensitiva piel
de
la nuca. Comenzó en el cuello de Taylor y masajeó los fuertes músculos,
amasando y girando
sus dedos
en fuertes círculos por los hombros
y los
brazos, bajando a lo largo de la espalda.
Los fuertes brazos de la pequeña mujer
se concentraron
en una pequeña
zona
de la espalda de
la
artista,
sabiendo
cuál era el
punto exacto,
además
del cuello, que
más
solían
molestarle.
Torrey
siguió con
el inocente
masaje a través de
las nalgas, descendiendo hasta recorrer las largas piernas. Y entonces la rubia comenzó una exploración más sensual.
Torrey se sentó sobre los glúteos de Taylor, sintiendo cómo la piel que
había bajo ella
se movía y acomodaba. Taylor dejó escapar ligeramente el aliento al sentir la extendida humedad de la escritora en su piel, aliento que se
convirtió en un suave gemido mientras Torrey deslizaba su excitado sexo por
su trasero. Taylor respondió moviendo
rítmicamente sus caderas intentando sentir más el centro de Torrey. La respuesta de la escritora fue un ligero gemido
acompañando
a
sus caderas
mientras las
presionaba con más profundidad sobre Taylor.
Torrey se inclinó hacia la espalda de Taylor y comenzó a besar y lamer el mismo camino
que hubieran recorrido inicialmente sus dedos. La respiración de Taylor volvió a ser irregular, dejando escapar unos gemidos constantes. Finalmente la escritora le susurró al oído:
“Date la vuelta...”
Taylor giró, mientras Torrey se alzaba levemente pero no lo suficiente
como para que la mujer de debajo no sintiera cada centímetro de piel desnuda
de
sus caderas. Torrey se apoyó contra Taylor y las manos de la alta mujer alcanzaron inmediatamente las
caderas
de Torrey guiando su montura más
intensamente.
“Ah ah ah...” se rió Torrey, envolviendo con sus manos las muñecas de la
confusa artista
y poniéndolas sobre su cabeza. Movió los dedos de Taylor
hasta que estuvieron sujetos al
cabezal de madera de la cama.
“Recuerda, amor... estarás bien si miras a los ojos de tu compañera.
Cuando bailas con alguien, una de vosotras tiene que llevar un poco el control. Sólo déjate llevar cuando mi
cuerpo tome el
tuyo
y no pienses mucho en dónde
estás...”. Torrey usó cada palabra que Taylor dijera cuando bailaron juntas en el
pequeño club de San Diego.
Taylor sonrió con una deliciosa sonrisa carnal a su compañera y dejó que
su tembloroso cuerpo
se
relajara contra
la
cama. Fue inmediatamente recompensada con un beso que la mareó ante la intensidad. Entonces Torrey precedió a continuar con la misma terapia de masaje por la parte delantera del
cuerpo de la artista. Cuando Torrey alcanzó el pecho de su amante, ambas
mujeres supieron que el cielo debía encontrarse allí, en ese momento. Torrey
deslizó su cuerpo por entre las piernas de Taylor hasta que pudo sentir el
empapado centro de la artista contra su estómago. Enterró su rostro entre los senos de Taylor, primero besándolos, lamiéndolos, y finalmente succionando la endurecida piel de sus pezones. Torrey dejó que sus labios giraran en torno a la dura piel, apretándolos contra su dentadura con la punta de su lengua.
Taylor intentó alzar su cabeza para mirar. Era la visión de la mujer que estaba sobre ella haciéndole el
amor y los lujuriosos sonidos que se escapaban
de
la garganta de Torrey lo
que inundó a la artista en un cúmulo de fuego líquido.
La respiración de Taylor comenzó a ser jadeante. Arqueando su espalda, presionó su humedad contra los músculos del abdomen de Torrey. “Por favor... Torrey... ahora...” e impulsó sus caderas.
No necesitaba decir más. Torrey descendió y deslizó dos fuertes dedos en
la
resbaladiza
entrada
de la mujer,
seguidos rápidamente de
su
boca, lamiendo al
rededor de la húmeda carne que latía contra su lengua. El gutural
y suave gemido de satisfacción que salió de entre los labios de la artista provocó que Torrey succionara con más profundidad con su boca. Torrey deslizó otro
dedo
y los tres se introdujeron profundamente dentro del palpitante cuerpo de Taylor, impulsando sus caderas hasta encontrar cada pecho e introducirse más
en el interior.
“Oh... Torrey...” fueron las últimas tensas palabras que la artista pudo gemir mientras
se agarraba fuertemente a la cabecera. Sus convulsionantes caderas se calmaron
de repente, dejando que el ritmo de Torrey la hiciera
llegar hasta el final. Sintió su orgasmo acercarse como llamas lamientes de
fuego, ardiendo cada vez con más calor hasta alcanzar su centro. Entonces, con un potente estallido, las llamas explotaron y la artista comenzó a derretirse por dentro.
El
sollozo que surgió de su garganta apenas llegó a sus propios oídos. Torrey apoyó su cabeza en los muslos de la artista hasta que alzó la
mirada y vio las lágrimas escapando de los azules ojos de la morena artista.
“Cariño, ¿estás bien?”. Torrey se movió para liberar sus dedos de su santuario, todavía enterrados dentro de la artista.
Taylor se movió rápidamente para agarrar con su mano la muñeca de
Torrey.
“Por favor, quédate dentro. Simplemente ven aquí” imploró Taylor.
Las dos mujeres se tumbaron una frente a otra, una de las piernas de Taylor
cubriendo
las caderas de la mujer
más
pequeña. Torrey
secó las
lágrimas del rostro de
su amante y luchó contra las suyas propias al verlas.
Besó los labios de Taylor, sus ojos, sus mejillas.
“Lo siento” murmuró Taylor. “Era un poco... muy irresistible”.
“Lo sé, cariño, sabes que lo sé “ dijo Torrey, con un tierno beso que se deslizó entre los pensamientos que se unían al solitario corazón de la artista y
el suyo finalmente unidos.
Taylor acercó a la esbelta mujer contra ella, los dedos de la rubia aún inmersos en el sexo de la artista. Torrey murmuró una letanía de palabras de amor a la morena mujer, deleitándose ante la sensación de estar dentro de su amante, con sus dedos envueltos por la blanda y sedosa carne. Torrey podía sentir los temblorosos y agitados músculos de Taylor comenzar a relajarse mientras besaba a la artista por el cuello y el pecho, encendiendo la seductora pasión de la mujer una vez más.
Taylor encontró la sensación de los poderosos músculos de la espalda de Torrey completamente eróticos, mientras deslizaba su mano a través de la piel de la escritora. Saboreó el exquisito tacto mientras los suaves y cálidos labios acariciaban sus hombros y su
cuello, cerró los ojos y comenzó a mover sus caderas contra la mano que se unió a sus movimientos en un deliberado y lento ritmo. Los labios de Torrey encontraron los suyos y a la vez que sus
lenguas se encontraban, Taylor sintió un ardiente calor acercarse a su centro.
Torrey sintió cómo la besaba con toda el alma, su dulzura mezclada con una increíble pasión. Sintió una nueva humedad cubriendo su mano mientras el sexo de Taylor introducía sus dedos más profundamente. Torrey mantuvo sus movimientos. La
húmeda fricción causó
que los
músculos
de Taylor
le
revelaran una nueva oleada de suaves convulsiones. Mientras Torrey guiaba
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