tiernamente
su
mano dentro
y
fuera,
su
pulgar
se
alzó para
acariciar
el endurecido clítoris sobre la abertura. Los músculos de los muslos de Taylor se
agarraron firmemente a los
hundidos
dedos y se abrieron
para
recibirlos mientras la penetraban una y otra vez.
Su clímax fue aún más intenso esta vez, pero sentir a Torrey unida a ella
tan
fuertemente calmó a la artista. “Oh Torrey... sí...” gimió Taylor, dejando caer
la cabeza hacia
atrás
mientras
su
cuerpo
convulsionaba
y
se
estremecía liberando el
calor.
Finalmente Torrey deslizó sus dedos del refugio de su amante, sólo para alzarlos hasta sus propios labios, saboreando la humedad que los cubría.
Cuando Taylor volvió a recuperar la voz sonrió a su amante. “Mi increíble
diosa... si
tuvieras dieciocho ¡me matarías!”
“Te quiero tanto, Torrey... quiero hacerte mía...” le dijo Taylor
seductoramente al oído.
“Oh, amor... siempre he sido tuya...” replicó sin aliento Torrey.
Taylor presionó con todo su cuerpo contra Torrey, sintiendo las caderas de la mujer moverse con urgencia contra las suyas. Los gemidos de Torrey fueron
callados
por la boca
de la artista mientras
sus labios devoraban hambrientos a la mujer que tenía bajo ella. Los labios de Taylor encontraron el
camino al
rededor
del cuello de
la
escritora hasta succionar
el lóbulo,
mordisqueándolo suavemente con sus dientes. La artista finalmente comenzó a murmurar palabras eróticas al oído de la joven mujer. El húmedo aliento de la artista combinado con su manera de murmurarle hizo que Torrey temblara incontrolablemente.
Los dedos
de Taylor acariciaron los
firmes
pechos
de su amante, pellizcando tiernamente los suaves pezones. Torrey jadeó y la artista la miró con amorosa adoración mientras se endurecían bajo su tacto.
“Mmmm...” murmuró Taylor, dando un delicado beso en cada pezón. “Me gusta cómo responden ante mí”.
Trazó amplios círculos al rededor de los erectos pezones con la lengua, rodeándolos
en vueltas cada vez más y más pequeñas hasta que Torrey se estremeció ante el ardiente aliento que se extendía por su endurecida carne.
Taylor alargó la punta
de la lengua para
lamer las
puntas de
una
forma seductora. Rodeando los pezones con los pulgares y los índices, los pellizcó tiernamente, haciendo que la sensación mandara a Torrey a la estratosfera.
La mano de Taylor se deslizó descendiendo por el abdomen de la mujer
hasta hundirse entre los rizos de suave color, brillantes por la humedad. Torrey
abrió
sus piernas con
ansiedad. La
artista
se
quedó sin aliento ante
la
sensación de la aterciopelada suavidad que surgía allí. Torrey gimió
ligeramente cuando
sintió los
fuertes dedos de
Taylor deslizarse entre la humedad. La punta de los dedos de la artista se movieron girando por encima
de la piel.
Taylor alejó los dedos de la excitada piel que solicitaba su atención, para
succionar el endurecido pezón que la arqueada espalda de Torrey le ofrecía.
“Por favor...” suplicó Torrey.
Taylor lamió y succionó la carne con voracidad, mientras movía sus dedos acariciando el
clítoris de Torrey con pequeños círculos. Ese momento casi provoca que el cuerpo de Torrey se fundiera entre espasmos con la cama. Taylor sonrió con lo que Torrey creyó que era una sonrisa totalmente traviesa, mientras la artista liberaba el pezón y dejaba que su lengua creara un sendero de ardiente fuego descendiendo el
cuerpo de la mujer.
Saber lo que Taylor estaba pensando hacer hizo que una nueva humedad se uniera
al ya excitado lívido de
Torrey. Separó
aún más sus
piernas,
murmurando de
excitación mientras
Taylor lamía
la
parte
interna de
sus
muslos.
“Taylor... yo...”. Las caderas de Torrey se movieron involuntariamente,
buscando un contacto más íntimo, pero a la par el cuerpo de Torrey parecía retirarse.
Taylor sintió el cuerpo de la pequeña rubia tenso y alzó la mirada para ver el
gesto de preocupación de la mujer.
“Cariño, ¿qué pasa?” dijo Taylor tiernamente, alzando su cuerpo para
acunar a Torrey entre sus brazos.
“Es sólo que...
estabas bajando...”. Torrey
parecía
frustrada
ante
su
incapacidad para decir lo que le preocupaba.
“Está bien, preciosa.
Si no
quieres
que haga eso, no
tengo porqué
hacerlo”. Taylor deseaba tranquilizar a su amante, intentando desesperadamente evitar la desilusión de su propia voz.
“No, no es eso... Es que... yo nunca he tenido a nadie... oh, Dios, nunca
pensé que fuera tan vergonzante” tartamudeó Torrey.
Le tomó un buen pedazo de esfuerzo a Taylor no sonreír a su amante.
“¿Estás intentando decirme que nunca te han...?”
“No” respondió rápidamente Torrey. “Es sólo que parece tan especial... no
me veía compartiéndolo con nadie más. Siempre he querido que fueras tú. Suena muy estúpido cuando lo dices en voz alta, ¿sabes?”
“No, cariño, no suena nada estúpido” dijo Taylor con voz tranquilizadora.
“No
puedo ni siquiera decirte lo que eso me hace sentir. Es como si me ofrecieras un regalo muy especial”. Taylor capturó los labios de Torrey en un beso repleto de deseo. “Deja que te demuestre cómo quiero agradecerte ese
maravilloso regalo...” finalizó la artista, deslizando
una vez más su cuerpo y acomodándose por entre las piernas de Torrey.
Taylor deslizó su dedo índice por entre el rizado triángulo de su amante y
acarició con su dedo los latentes labios exteriores, sintiendo el torrente de humedad que los cubría. La
artista cerró los ojos ante el increíble sabor que
llenó su boca al deslizar su dedo entre sus propios labios.
Torrey se excitó aún más ante la visión. “Oh, Taylor... te quiero..., te
necesito, por
favor...” jadeó
con voz
suplicante que
Taylor
había deseado
escuchar miles de veces.
La cabeza de Taylor se inclinó y pareció que pasaba una eternidad hasta
que
su lengua alcanzó y lamió tiernamente el regalo que tenía ante sí. No fue
rápido, ni demasiado suave, sino una firme, lenta exploración del sabor y la textura que pertenecía a la mujer de la que había estado enamorada durante tanto tiempo. Ese primer sabor, sin embargo, fue suficiente como para perder la razón y el control que había mantenido Taylor hasta ese momento. Taylor
cedió ante las desesperadas súplicas de la mujer que envolvía con
tensos
dedos los cabellos de ébano, y con una experimentada lengua y unos expertos
dedos, tomó a su amante tan profunda y velozmente como la mujer le pedía.
Torrey gritó el nombre de Taylor mientras el orgasmo explotaba en su
interior.
Su cuerpo
se
arqueó
mientras oleadas
de placer
atravesaban
su
cuerpo y chocaban como las olas que golpeaban las rocas bajo a ventana. Sus músculos se aflojaron, y entonces su cuerpo se estremeció y tensó mientras
una
serie de convulsiones atravesaban su cuerpo. Cuando Taylor continuó con
un
penetrante movimiento de su mano, Torrey gritó nuevamente mientras un
segundo orgasmo sacudía su cuerpo.
“Te amo” se encontró Taylor diciéndolo nuevamente en el oído de la
pequeña rubia que estaba tumbada entre los protectores brazos de la artista.
“Te amo, Taylor... con todo mi corazón. ¿Puedo preguntarte algo?” “Lo que quieras, amor”.
“¿Cómo supiste que no me fui a Chicago por alguien?”
“En parte lo adiviné, y en parte lo deduje. Un día, cuando Jess y yo hablábamos,
me dijo
que no
podía recordar que
hubieras
tenido ninguna relación con alguien. Eso fue todo lo que dijo, pero se clavó en mi mente. El
otro día, en San Diego, cuando nos
besamos y tú admitiste que no era la primera vez que habías besado a una mujer, pensé
que tal vez habría una posibilidad de que tú sintieras lo mismo que yo sentía por ti”. Taylor besó la
frente de Torrey, atrayéndola a sí. “Siempre pensé que yo era como un libro abierto para ti, madre mía, estaba completamente equivocada. Supongo que escondí mis sentimientos hacia ti demasiado bien. Una vez que me di cuenta de que eso es lo que podría haber sucedido, me imaginé que marchar fue un
acto completamente desinteresado que sólo tú podrías soportar. Siempre te
has
preocupado por mí y nunca por ti misma. ¿Sabía Jess lo que sentías por mí?” añadió Taylor.
“No hasta
que
tuvimos nuestra charla
de la semana
pasada. Me
sorprendió que lo adivinara tan rápidamente. ¿Sabía lo tuyo?”
“Sip. Encontró... bueno, ¿conoces el cuadro de la pared? Tengo como un
millón de dibujos en los que me basé. No quería que los encontrara. Pero se lo tomó sorprendentemente bien, sin embargo”.
“Lo siento, te hice daño al irme, Stretch” respondió Torrey con lágrimas en los ojos.
“Está bien, cariño. Ahora nos tenemos la una a la otra y eso es lo que
importa. Además, fue más por mi culpa. Si hubiera sido más responsable por
entonces, tal vez hubiera sido capaz de ver por lo que estabas pasando”
respondió Taylor, perdiéndose en sus propios recuerdos.
“Tu madre lo ha sabido siempre. Desde la primera vez que estuvimos con ella. ¿Lo sabías?”
“Sí, lo sé. Me dijo que si no te decía lo mucho que te amo, dejarías de esperarme y encontrarías a alguien”.
“Nunca hubo nadie más, Taylor. He tenido amantes, pero nunca le di a
nadie mi corazón. Siempre fue tuyo”.
“Siento lo mismo.
¿Puedo confesar
algo
muy
vergonzoso?”
preguntó
Taylor.
“Oh, ¿tiene que ver con la muñeca hinchable?”
“Eres tan mala...”. Taylor hizo cosquillas a la mujer de entre sus brazos hasta que Torrey rió hasta llorar.
“Dime, ¿qué puede hacerte pensar que es vergonzoso?”
“En parte la razón por la que fueras suavemente esta noche es que hace muchísimo tiempo desde que estuve con una mujer” admitió Taylor.
“¿Cuánto?” preguntó Torrey con curiosidad.
“Seis años” dijo Taylor insegura.
“Wow. Tu poder de aguante es mayor de lo que podría imaginar”
“Sí, bueno, no es que el celibato fuera algo consciente, simplemente no quería estar con nadie más. Incluso en la universidad, con otras mujeres, en lo
único que podía pensar era en ti”.
“Y yo me acosté con Stephen”.
“Hey, no olvides lo que siempre dices... todo sucede por una razón. Si nunca hubieras pasado la noche con él no hubiéramos tenido a Jess”.
“Tu madre me dijo lo mismo la semana pasada. ¿Recuerdas cuando
fuimos juntas a andar por la playa durante tanto tiempo el jueves? Me dijo que era el destino lo que nos había encontrado juntas de nuevo en California y que
era una oportunidad única en la vida. Indicó que se refería a que tú y yo nunca
estuvimos
juntas
cuando
éramos jóvenes.
Creo
que
simplemente estaba
intentando darme fuerzas para decirte algo, pero lo que dijo tenía sentido”.
Torrey se volvió para besar tiernamente los labios de Taylor y se acurrucó en el
hueco del hombro de la artista.
“Mamá
dijo que
si
hubiéramos estado juntas cuando
nos
conocimos hubiera sido un desastre. Que no era lo que tú necesitabas entonces, no era lo suficientemente
fuerte para ser
tu pareja.
Me dijo
que hubiera estado esperando a que cambiaras y tú hubieras crecido odiándote a ti misma por no poder
hacerlo. Dijo que
habríamos terminado
destruyendo
el amor
que sentíamos la una por la otra, y tenía razón, Stretch”. Torrey volvió el rostro a la mujer que tenía lágrimas en sus ojos cuando se encontraron con
los de la
escritora.
“Tenía completa y absoluta razón, Little Bit. Éramos muy jóvenes. Nuestro
amor nunca hubiera sobrevivido los problemas que teníamos que afrontar, pero de esta forma, crecer apartada la una de la otra,... puedo decir con sinceridad
que
no ha habido ni un sólo día en
los últimos quince años que no te haya
amado”.
“¿Porqué
anoche me
besaste
y
me dijiste que
me querías?”
inquirió
Torrey.
Taylor sonrió a través de las lágrimas que caían de sus profundos ojos azules. “Porque mi madre me lo dijo”.
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