Aunque se moría de
curiosidad por los correos de Hennessey, Townsend necesitaba darse una larga
ducha. En cuanto estuvo limpia, fue a su mesa y se conectó al programa de
correo, dando golpecitos con el pie mientras se descargaban los doscientos
setenta y seis mensajes que había recibido. Los ordenó por remitente y se puso
a leer la correspondencia de Hennessey, con el corazón cada vez más acelerado a
medida que leía.
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De: Hennessey Boudreaux
< hboudreaux@freemail.com >
Fecha: 30 de mayo, 2003 |
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Para: Townsend Bartley <
tbartley@HiltonHeadWritersProgram.edu >
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cc:
Asunto: Blues de Baltimore |
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Hola,
Por favor, no te tomes mis
reflexiones como un retrato de la ciudad de Baltimore. Seguro que es un sitio
precioso y que la gente que vive aquí está muy contenta de estar aquí. Pero
no es mi sitio y no creo que lo sea nunca. Esto es tan... norteño, no sé si
me entiendes. Cuesta creer que compartamos el mismo océano, aunque sé que es
así. Pero este Atlántico no parece mi Atlántico. Ya sé que no debería estar
quejándome en mi primer correo, pero no lo puedo evitar. Aquí me siento muy
sola, T, aunque no lo esté.
Bueno, eso no es del todo cierto. En
realidad sí que estoy sola. El programa de Kate no empieza hasta el 15 de
julio, pero ya se ha puesto a trabajar en uno de esos ambulatorios de
urgencias. No tiene licencia para practicar la medicina, pero puede hacer
admisiones y diagnósticos preliminares. Luego llega el médico de verdad y
confirma o rechaza su diagnóstico. Le pagan muy bien, y como yo no he tenido
la menor suerte para encontrar trabajo, es nuestra única fuente de ingresos.
También cree que trabajar ahí la va a mantener alerta y le va a dar mucha
experiencia. No sé si es cierto, pero necesitamos el dinero, por lo que no se
lo puedo discutir.
Bueno, pues eso es lo único que está
pasando. Kate trabaja de 9 de la noche a 9 de la mañana, porque el sueldo es
mejor. He intentado cambiar mis horarios para adaptarlos a los suyos, pero no
funciona. Estaba irritable y cansada todo el tiempo y al final ella me dijo
que me fuera a la cama a mis horas normales.
Pasamos juntas varias horas todos
los días, lo cual ya es más de lo que teníamos antes, así que no debería
quejarme, pero hay algo que no va bien. No sé si es cosa suya o mía, pero las
cosas no van bien. Ya te lo contaré cuando averigüe qué es. No te escribiría
un mensaje como éste si lo fueras a leer inmediatamente, pero como no lo vas
a ver hasta que lo haya solucionado, no tengo la sensación de estar dándote
la plasta :-)
Espero que estés bien. Pienso mucho
en ti.
Besos,
Hennessey |
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De: Hennessey Boudreaux
< hboudreaux@freemail.com >
Fecha: 15 de junio, 2003 |
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Para: Townsend Bartley <
tbartley@HiltonHeadWritersProgram.edu >
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cc:
Asunto: ¡Socorro! |
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Hola,
Espero que para cuando leas esto yo
ya tenga un buen empleo y esté encantada de vivir aquí, pero va a hacer falta
un milagro.
Ya sé que sólo han pasado dos
semanas desde que te escribí, pero creo que nunca me he sentido más
desdichada. Estoy segura de que es porque no tengo nada que hacer y me paso
el día mano sobre mano, pero eso no me ayuda mucho. Kate opina que debería
buscar trabajo, cualquier trabajo, para estar ocupada. Supongo que tendré que
hacerlo, pero me resisto.
Esto no es más que lloriqueo
adolescente, pero estoy hecha polvo por haber renunciado a un trabajo que me
encanta para vivir en una ciudad donde no tengo vínculos, ni familia, ni
amigos para acabar dedicándome a un trabajo rutinario. Sé que es muy elitista
quejarme porque tengo que aceptar un trabajo normal y corriente, pero me he
esforzado mucho para sacarme el doctorado. Me saca de quicio tener que
renunciar a mis metas, sobre todo porque vamos a estar aquí por lo menos
cuatro años, lo más probable seis.
Bueno, ya me he quejado suficiente
por un día :-) Te escribiré otra vez cuando me sienta mejor. No es justo
escribirte sólo para soltarte el rollo.
Besos,
Hennessey |
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De: Hennessey Boudreaux
< hboudreaux@freemail.com >
Fecha: 18 de junio, 2003 |
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Para: Townsend Bartley <
tbartley@HiltonHeadWritersProgram.edu >
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cc:
Asunto: ¡Buenas noticias por fin! |
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Sí, cuesta creerlo, pero ¡tengo
trabajo! No me pagan mucho, pero el horario es bueno y voy a estar en un
ambiente académico.
Voy a trabajar en la biblioteca de
investigación para licenciados de Johns Hopkins como bibliotecaria. Sí, ya sé
que no soy bibliotecaria :-) pero he trabajado mucho en metodología de la
investigación y me las arreglo muy bien en una biblioteca.
Además de tener algo que hacer
durante el día, voy a estar bastante cerca de Kate. Espero que podamos vernos
de vez en cuando, aunque puede que sólo sea un sueño :-) La doctora Brill va
a estar muy ocupada, pero eso es lo que le gusta. Sigue trabajando toda la
noche, y con eso de que yo voy a estar trabajando todo el día, nos vamos a
tener que dejar fotos para recordarnos el aspecto que tenemos :-) Pero estoy
encantada de empezar a trabajar. Va a ser genial volver a estar ocupada y me
apetece estar de mejor humor de forma continua.
Con un poco de suerte mis futuras
cartas serán alegres, animadas y llenas de buenas noticias. ¡Mándame buenas
vibraciones!
Besos,
Hennessey |
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De: Hennessey Boudreaux
< hboudreaux@freemail.com >
Fecha: 30 de junio, 2003 |
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Para: Townsend Bartley <
tbartley@HiltonHeadWritersProgram.edu >
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cc:
Asunto: |
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Hola,
La buena noticia es que me gusta mi
trabajo. La gente con la que estoy es simpática e inteligente, dos de mis
cualidades preferidas :-) Si sigo un tiempo en este trabajo, creo que me va a
ir muy bien. No es en absoluto tan divertido como trabajar contigo, pero,
sopesándolo todo, no está nada mal.
Sí, ahora viene la otra cara de la
moneda. Kate y yo hemos tenido una pelea tremenda, la peor que hemos tenido
nunca. Por primera vez, no sé si vamos a conseguir salir adelante como
pareja. No voy a entrar en detalles, más que nada porque ni se me ocurriría
revelar ninguna de sus confidencias, pero ha sido horrible, T.
Sé que vas a tardar bastante tiempo
en recibir esto, pero espero que me estés enviando tus mejores vibraciones.
Cuando contemples el cielo de noche, ruega a los cielos por mí... necesito
toda la ayuda que pueda conseguir.
Besos,
Hennessey |
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De: Hennessey Boudreaux
< hboudreaux@freemail.com >
Fecha: 6 de julio, 2003 |
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Para: Townsend Bartley <
tbartley@HiltonHeadWritersProgram.edu >
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cc:
Asunto: |
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Hola,
Sé que vas a decir que no deberíamos
haber tenido esta conversación ayer, pero teníamos que hacerlo. Kate hizo un
turno de casi veinticuatro horas. Hay muchísimos ingresos en urgencias cuando
la gente juega con fuegos artificiales.
Estaba cansada e irritada, pero ayer
las dos teníamos el día libre y eso no pasa muy a menudo.
Hay algo que se lleva cociendo desde
hace mucho tiempo y ayer estalló por los aires. Creo que tengo que retroceder
un poco para que lo comprendas, así que intentaré explicártelo sin que te
mueras de aburrimiento.
Ya sé que te he dicho en alguna
ocasión que Kate y yo no hemos dedicado mucho tiempo a hablar del futuro.
Parte del motivo era porque nuestras circunstancias actuales ya eran bastante
estresantes y no queríamos complicar las cosas. Pero en el fondo yo siempre
he sabido que íbamos a tener problemas cuando nos pusiéramos a hablar en
serio.
Bueno, detesto tener que
reconocerlo, pero mis sospechas eran ciertas. Ayer estuvimos dándole vueltas
y una cosa muy importante quedó clara: Kate y yo no compartimos los mismos
sueños para nuestro futuro. Es fácil para mí decir que la que tiene razón soy
yo y que ella se equivoca, pero eso no es justo para ella. Ha sido sincera
conmigo desde el principio, sólo que yo no quería ver la realidad.
El tema es el siguiente. Para mí es
importante usar mi titulación y tengo que trabajar en algo que suponga un
desafío para mí. Pero pase lo que pase, mi familia siempre será lo primero.
Eso incluye a mi compañera, nuestros hijos, mis abuelos, mi padre y, sí,
hasta mi madre.
Si tengo que renuciar a mi carrera
profesional para que mi familia sea feliz, lo haré, sin la menor queja.
Pero Kate no piensa lo mismo. Para
ella, su carrera es lo primero. Es lo que la hace feliz. Estaba hecha polvo
cuando estuvimos juntas en Hilton Head el año pasado y decidió que nunca más
podía volver a estar en esa situación. Necesita el desafío, la presión y, sí,
el subidón que le da la medicina.
La familia es importante para ella y
es una compañera muy cariñosa... cuando está en casa. Pero puede trabajar
veinticuatro horas seguidas y ni enterarse de que la echo de menos. Opina que
yo debería encontrar algo que me llene tanto como a ella su trabajo, pero no
existe en el mundo un trabajo como ése para mí. Estar con Kate me llena.
Estar en Beaufort con mi familia me llena. Estar contigo me llena. Me encanta
escribir y me encanta la literatura, pero eso es mi trabajo y mi afición, no
mi vida. Para ella, la medicina es su vida, y no sólo está dispuesta sino
además deseosa de que su carrera marque el resto de su vida. Supongo que eso
estaría bien si yo fuera igual, pero no puedo serlo. Siempre me voy a sentir
celosa de su querida: la medicina. Si alguna vez llego al punto en que no
quiero que esté en casa, vamos a tener problemas. Pero ella no lo ve así.
Piensa que deberíamos sacar el máximo de energía de nuestro trabajo y luego
llegar a casa y disfrutar la una de la otra en el poco tiempo que tengamos. A
mí eso no me va a funcionar, ¡jamás!
Nunca te lo he dicho, pero el año
pasado, cuando las dos estábamos en Hilton Head, yo disfrutaba más por el día
que por la noche. No era nada divertido estar con Kate cuando no estaba
trabajando. Estaba irritable y quisquillosa todo el tiempo y le encontraba
defectos a prácticamente todo. Quería que yo estuviera en casa a los cinco
minutos de haber salido de trabajar y no quería veros a Nicole y a ti. Cuando
sus necesidades no quedan cubiertas con el trabajo, depende de mí para que la
llene y eso es mucha responsabilidad.
Yo tenía paciencia con ella, porque
sabía que se sentía frustrada. Pero ella no comprende que la que ahora está
en esa situación soy yo. Piensa que debería dejar mi trabajo y escribir, y
está dispuesta a trabajar en el ambulatorio para ganar más dinero. Pero yo no
puedo escribir bien si no me encuentro bien. No es algo que pueda ignorar a
base de fuerza de voluntad. Además, no puedo contentarme sólo con escribir.
¡No soy una Emily Dickinson! Necesito el contacto humano... ¡y en abundancia!
Todo va mal, T, y no sé cómo
arreglarlo. Con Kate se puede hablar y se le da bien comprender sus
sentimientos, pero ninguna de las dos sabemos cómo salir de esto a base de
hablar.
Las dos estamos muy dolidas y nos
andamos con mucho tiento la una con la otra. Ella está dolida porque cree que
yo ya sabía todo esto y estaba de acuerdo con el plan. Yo estoy dolida porque
quiero que ella me quiera tanto como yo a ella y no puede. ¡Jo, cómo duele
reconocer eso!
Ojalá nos pudieras enviar un poco de
polvo mágico para que desaparecieran nuestros problemas, pero creo que eso
supera incluso a tus grandes talentos.
Volveré a escribirte, colega. Espero
tener mejores noticias.
Besos,
Hennessey |
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De: Hennessey Boudreaux
< hboudreaux@freemail.com >
Fecha: 12 de julio, 2003 |
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Para: Townsend Bartley <
tbartley@HiltonHeadWritersProgram.edu >
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cc:
Asunto: |
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Hola,
Mañana vuelvo a casa.
Sabes, el correo electrónico es tan
impersonal. Si estuviera escribiendo esto en papel, verías que mis lágrimas
habían manchado la hoja y habían corrido la tinta. Eso sería mejor reflejo de
mi corazón roto que esas simples palabras de derrota.
He aquí la verdad sin adornos. He
crecido durante el tiempo que Kate y yo hemos estado juntas. Mis necesidades
han ido cambiando a medida que he madurado. Cuando nos conocimos, me sentía
sola y deprimida. Tú estabas con Jenna y creía que había perdido mi
oportunidad. Lo único que quería era a alguien a quien amar, alguien que me
enseñara a amar. Kate lo hizo, y muy bien. Pero ahora necesito más. Necesito
a alguien con quien compartir mi vida, y eso sólo puedo hacerlo con alguien
que sienta por mí lo mismo que yo por ella.
Hace mucho tiempo te dije que Kate y
yo nos conformábamos con ser el condimento de nuestras vidas. Eso era una
gilipollez entonces y es una gilipollez ahora. Lo dije para convencerme de
que con eso me bastaba. Nunca me ha bastado, T, nunca. Estaba convencida de
que Kate acabaría terminando su formación y se calmaría y se concentraría en
nuestra relación, pero eso no va a pasar.
Quiero lo que siempre he soñado:
quiero una compañera para quien yo sea lo primero, una compañera que prefiera
pasar el tiempo conmigo antes que con cualquier otra cosa del mundo. Quiero
ser el plato principal, T. Me merezco ser el plato principal. Si tienes un
plato principal estupendo, no necesitas ningún puñetero condimento... y ésa
es la situación de Kate. Su trabajo la hace tan feliz que en realidad no
NECESITA nada más. Sí, me quiere. Sí, desea que esté con ella el resto de su
vida. ¡Pero no me NECESITA! ¡Quiero que me necesiten, joder!
Estoy tan hecha polvo que tengo mal
el estómago, pero, como de costumbre, la doctora no está en casa. La han
llamado del ambulatorio diciendo que hoy podía hacer doble turno y se ha ido
a trabajar. Era nuestra última oportunidad de intentar llegar a algún tipo de
compromiso y se ha ido a trabajar. Si eso no es un mensaje bien claro, no sé
lo que es.
Supongo que estaré en casa de mis
abuelos cuando vuelvas. Jo, si supiera dónde estás, iría a buscarte. Pero
supongo que a Nicole no le haría mucha gracia ver mi cara larga. Una cosa que
sí sé es que te vas a alegrar de verme. Puedo contar contigo, T, y no hay
nada en mi vida que me tranquilice más.
Besos,
Hennessey |
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De: Hennessey Boudreaux
< hboudreaux@freemail.com >
Fecha: 31 de julio, 2003 |
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Para: Townsend Bartley <
tbartley@HiltonHeadWritersProgram.edu >
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cc:
Asunto: |
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Hola,
Jo, trabajar en un barco de pesca sí
que es una buena manera de tener mucho tiempo para pensar. Estoy saliendo con
papá para que el abuelo pueda descansar un poco. Papá es buena compañía, pero
como sabes, no tiene mucho que decir. Pero no importa. He aprovechado bien el
tiempo, pensando en mi vida y en cómo me gustaría que fuera.
Mi vida personal va a ser difícil
durante un tiempo, pero seguro que lo supero. Kate y yo hemos hablado por
teléfono cada vez que tiene una noche libre. Ha sido duro porque las dos
estamos muy tristes, pero no sé qué otra cosa hacer. Sabes, hay posibilidades
de que ella cambie dentro de unos años y quiera más de una relación. Pero
ahora mismo no hay manera de que podamos hacernos felices la una a la otra.
Ella quiere que yo haga unos sacrificios que no estoy dispuesta a hacer. Yo
quiero que ella tenga otra personalidad y eso no va a ocurrir simplemente
porque yo lo desee. Así que esta noche nos hemos dicho adiós. Nos ha costado
muchísimo a las dos, pero no nos hace ningún bien aferrarnos a un clavo
ardiendo. Eso sólo prolonga la agonía, puesto que ninguna de las dos puede o
quiere cambiar. La he querido lo mejor que he podido y sé que ella ha hecho
lo mismo por mí. Pero no ha sido suficiente.
Me va a costar no tener contacto con
ella, T, pero creo que tenemos que cortarlo. Las dos tenemos que salir
adelante y Kate tiene que concentrarse en su carrera. Está muy ocupada, pero
noto lo contenta que está al hacer lo que siempre ha querido. Al menos eso me
alegra el corazón. Sé que así será feliz y la quiero lo suficiente como para
dejar que encuentre la felicidad, aunque eso no me incluya a mí.
Me siento más que perdida, pero una
cosa de la que estoy segura es de que quiero volver a trabajar para ti, si me
aceptas. Si pudiera diseñar mi trabajo ideal, no creo que cambiara nada de mi
trabajo en el campamento. Está en el sitio perfecto, el sueldo es
maravilloso, el trabajo divertido y estimulante y tengo la mejor compañera de
oficina del mundo. Mi jefa también es fantástica y encima es guapa :-) Así
que si me aceptas de nuevo, una parte importante de mi vida estará justo como
deseo que esté.
Espero que tu viaje esté saliendo
tal y como deseabas. Nicole es una mujer afortunada, pero seguro que ya lo
sabe :-) Espero que volváis dentro de unas semanas, dispuestas a empezar a
vivir juntas. No se me ocurre mejor sitio para empezar que Carolina del Sur.
Claro, que hay quien ha dicho que soy poco objetiva...
Muchos besos,
Hennessey |
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De: Hennessey Boudreaux
< hboudreaux@freemail.com >
Fecha: 16 de agosto, 2003 |
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Para: Townsend Bartley <
tbartley@HiltonHeadWritersProgram.edu >
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cc:
Asunto: |
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Hola,
Sólo unas líneas para decirte lo
mucho que lamento que las cosas no hayan salido bien entre Nicole y tú.
Parecías bastante animada en tu correo, pero estoy muy preocupada por ti. Me
imagino lo estresante que debe de ser terminar un viaje con alguien con quien
acabas de romper. Espero que Nicole sea lo bastante madura para apreciar tu
sinceridad.
Pienso en ti, T, y te envío todas
las buenas vibraciones que puedo.
Besos,
Hennessey |
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De: Hennessey Boudreaux
< hboudreaux@freemail.com >
Fecha: 1 de septiembre, 2003 |
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Para: Townsend Bartley <
tbartley@HiltonHeadWritersProgram.edu >
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cc:
Asunto: |
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Hola,
Bueno, este fin de semana vuelves a
casa y me encuentro presa de un dilema. Te aseguro que no es tan cómodo como
suena :-)
Esto no se lo diría a nadie más,
Townsend, y sólo te lo digo a ti porque sé que nuestra amistad puede con
cualquier cosa. Así que voy a dejarme de rodeos y decirlo. Quiero recuperar
mi trabajo y estoy casi segura de que tú también quieres que vuelva. Pero
tengo que ser totalmente franca contigo. Quiero algo más que mi trabajo. Te
quiero a ti también.
Repito, yo no le diría esto a una
mujer que acaba de romper con alguien. Y yo no confiaría en una mujer que
hubiera tenido una larga relación y me dijera eso, así que sé que piso
terreno resbaladizo. Si te lo digo ahora es porque podría influir en tu
decisión sobre si vuelves a contratarme o no.
A lo largo de nuestra amistad me has
dicho en diversas ocasiones que ya no estás enamorada de mí, y no creo que
eso haya afectado a nuestra relación. Quiero que sepas que si estás segura de
que nunca podrás corresponderme, eso jamás echará a perder lo que tenemos.
Pero eso sólo es mi punto de vista. Si te pone incómoda tenerme al lado
bebiendo los vientos por ti (y los bebo, que lo sepas), me quedaré con mis
abuelos hasta que encuentre trabajo como profesora. O a lo mejor pesco con mi
padre de día y escribo de noche. Bien sabe Dios que en esta casa no hay mucho
más que hacer :-)
Si, por el contrario, descubres que
aún te queda aunque sólo sea un pequeño rescoldo de atracción (sólo de
decirlo se me acelera el corazón :-) ) haré todo lo que pueda para convertir
ese rescoldo en una hoguera ardiente. No soy la misma persona indecisa y con
fobias sexuales que era la última vez que lo intentamos, Townsend. Sé lo que
quiero y sé que puedo hacerte feliz, si me das la oportunidad.
No espero que tomes una decisión
sobre mí ahora mismo. Sé que ha pasado mucho tiempo desde que estabas
enamorada de mí y que los sentimientos no cambian deprisa. Sólo espero que me
des la oportunidad de volver a ganarme tu corazón.
Nos queremos, nos respetamos,
tenemos los mismos intereses, estamos bien situadas geográficamente... ¿tan
difícil va a ser volver a enamorarnos? :-) Hablo en broma sobre todo porque
estoy incómoda, T. Esto significa para mí más de lo que puedas imaginarte
nunca y lo digo totalmente en serio. Lo único que necesito de ti ahora mismo
es la promesa de que no estarás incómoda trabajando conmigo si te ves incapaz
de corresponder a mi amor. El resto ya se arreglará solo.
H
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Aturdida, Townsend se fue
a la cama y se dejó caer en ella. Se quedó contemplando el techo, con la mente
revuelta por una tormenta de emociones encontradas. Estaba atónita por las
cosas que le habían ocurrido a Hennessey y asombrada de que su amiga hubiera
sido tan franca con sus sentimientos. Sabía lo que tenía que hacer y sabía que
tenía que hacerlo en cuanto hubiera dormido.
A la tarde siguiente, el
barco camaronero atracó en el muelle, con Dawayne al timón y Hennessey a cargo
de las amarras. La morena estaba tan absorta amarrando el barco que no se dio
cuenta de que tenía visita hasta que saltó al muelle. Se quedó petrificada, con
los ojos desorbitados con una mezcla de miedo y emoción.
Townsend se levantó, se
sacudió el polvo de los pantalones cortos y luego se acercó a su amiga.
Hennessey no movió ni un músculo. No vio a su padre saludar amablemente a
Townsend ni lo oyó decir que él se encargaría de descargar el barco. Lo único
que conseguía hacer era clavar los ojos en el leve contoneo de las caderas de
Townsend al caminar por el muelle.
Plantándose delante de
Hennessey, Townsend agarró los tirantes de color rojo brillante que sujetaban
sus botas altas de goma amarilla. Tiró de la guapa aunque desaliñada mujer
hasta ponerla a su altura y dijo:
—Dos cosas. Una, te mentí.
Dos, date una ducha y hablaremos de ello.
—¿Eh?
—Hoy estás un poco lenta,
larga, pero lo comprendo. Vamos a concentrarnos en la ducha, ¿vale? Por guapa
que seas, hueles a comida barata para gatos. Vámonos.
Hennessey sintió que su
amiga la cogía de la mano y recorría con ella la corta distancia que las
separaba de la casa. Ninguna de las dos dijo nada durante el trayecto.
Hennessey estaba demasiado sorprendida para hablar y Townsend sabía que
Hennessey estaba un poco corta de entendederas en estos momentos. Ésta es una de sus características
más adorables, pensó Townsend mientras caminaban. Con lo inteligente y madura que es,
se queda como si tuviera serrín en el cerebro en determinadas circunstancias.
Llegaron a la casa y la
puerta estaba abierta, como siempre.
—Sube a ducharte y cuando
vuelvas a oler a mujer, baja. Tenemos que hablar muy en serio.
Hennessey asintió y se
alejó en la dirección correcta. Pocos minutos después, Townsend oyó el agua que
corría en la bañera y sonrió ante el logro de su amiga. No está mal. Ha encontrado el
cuarto de baño.
Pasaron unos veinte minutos
y Townsend empezó a preguntarse si Hennessey se había estado frotando la piel
con piedra pómez. A lo mejor
no tendría que haberle dicho que se quitara todo el olor a pescado. Es muy concienzuda. En el momento en que se disponía a
subir para ver qué pasaba, Hennessey bajó, vestida con unos pantalones cortos
finos y grises de deporte y una camisa sin mangas de color azul celeste.
—He hecho todo lo que he
podido —dijo, sonriendo a Townsend con una buena dosis de miedo—. ¿Has dicho
que me habías mentido?
Townsend dio unas
palmaditas en el asiento para que se sentara a su lado y Hennessey obedeció.
—Así es. —Se giró hasta
poder mirar a Hennessey directamente a los ojos y dijo—: Se me ocurren por lo
menos dos veces en que me preguntaste si seguía enamorada de ti. Una vez te
dije la verdad, pero la otra te mentí en la cara. ¿Me perdonas?
Hennessey apretó los
labios.
—¿Cuándo me dijiste la
verdad?
—El día antes de que te
graduaras en Harvard. Entonces seguía enamorada de Jenna, larga, y aunque con
el beso que me diste casi me desmayo... realmente entonces no estaba enamorada
de ti.
El corazón empezó a
latirle más rápido y Hennessey sintió que se le empezaba a secar la boca.
—¿Cuándo me mentiste?
Townsend bajó la mirada y
se quitó distraída un poco de polvo de los pantalones cortos.
—No me acuerdo exactamente
de cuándo, pero fue en los dos últimos años. Te dije que no estaba enamorada de
ti... y era una mentira bien gorda.
A Hennessey se le empezó a
animar la cara, pero seguía algo ceñuda.
—¿Me lo estás diciendo
para tranquilizar tu conciencia?
Townsend puso la mano en
el muslo bronceado que estaba al lado del suyo.
—No. Te lo digo por tus
cartas. He pensado que debía dejar claro que no tienes que volver a ganarte mi
corazón. Ya te lo has ganado.
La cara de Hennessey se
iluminó de inmediato con una sonrisa radiante.
—¿¡¿No me jodas?!?
—¡Hennessey! ¡Pero qué
lengua! Tú rara vez sueltas tacos.
—Y tú nunca me dices que
me quieres... ¡así!
—Bueno, pues te quiero
así. —Miró profundamente a los frescos ojos azules de su amiga y repitió—: Te
quiero así.
—¡Dios, Townsend! Tengo un
millón de preguntas, ¡pero tengo tantas ganas de besarte que podría gritar!
Townsend le echó una
sonrisa provocativa y preguntó:
—¿Es que tu abuela no te
ha enseñado que en casa no se grita?
Sin perder ni un segundo,
Hennessey rodeó el cuerpo de Townsend con los brazos, estrechándola con fuerza
durante casi un minuto. Estaba tan abrumada que estaba a punto de echarse a
llorar, pero su necesidad de sentir los suaves labios de Townsend se impuso. Se
apartó y miró a su amiga a los ojos, sintiendo que se perdía por completo en
ellos. Cerró los ojos y se echó hacia delante y quedó envuelta por los labios
más suaves, más cálidos y más deliciosos que había tocado nunca.
Una de ellas soltó un
suspiro, pero ninguna de las dos sabía quién lo había hecho. Hennessey levantó
una mano y la enredó en el pelo de Townsend, sujetándola y acariciándola a la
vez.
Townsend estrechó el
cuerpo de Hennessey en un abrazo inmenso, sin darse cuenta siquiera de que se
la estaba montando en el regazo. Hennessey soltó un leve gemido al moverse y no
tardó en encontrarse a horcajadas encima de Townsend. Se sentó, centrando el
peso entre los muslos ligeramente abiertos de su amiga, intentando no hacerle
daño.
Cuando Townsend la tuvo
donde quería, se dejó ir, besando a Hennessey sin el menor asomo de
autocontrol. Se apretaban la una contra la otra, tratando de acercarse más, de
besarse con más fuerza, de sentirse, olerse y saborearse cada vez más.
El tiempo pareció
detenerse y las dos mujeres perdieron la conciencia de todo cuanto las rodeaba,
hasta que entró Dawayne por la puerta, preguntando:
—¿Has salido ya de la
ducha...? —Se quedó mirando a su hija y a su amiga, por un instante, con aire
más culpable que ellas, luego se dirigió hacia el cuarto de baño, diciendo—: La
primera vez desde hace semanas que no pareces un gato enfermo, nenita. Me
alegro de verte, Townsend.
—Yo también me alegro de
verlo, señor Boudreaux. Siento que hayamos...
—No pasa nada —dijo él—.
Hay que vivir.
Townsend se quedó mirando
a su amiga, sin rastro de pasión en el cuerpo.
—¿Pero qué demonios...?
—Nunca me ha dicho lo que
tengo que hacer —dijo Hennessey—. Ya te he dicho que es más como un hermano
mayor que un padre. Además, dado como tontea con las mujeres, seguro que a él
lo han pillado en situaciones más embarazosas.
Townsend luchó por
desenredarse de su amiga, diciendo:
—No puedo creer lo poco
que parece importarte. Jo, Hennessey, ¡hace pocos años eso te habría matado!
Hennessey le echó una
sonrisa provocativa de medio lado.
—Ahora ya soy mayor.
—Ya lo creo —asintió
Townsend, dándole otro beso—. ¿Hablamos ahora o quieres que sigamos hasta que
lleguen tus abuelos y nos pillen de nuevo?
—No soy tan mayor —dijo
Hennessey—. Vamos a saludar y luego a dar un paseo o algo así.
Así lo hicieron, y tras un
recibimiento muy cariñoso por parte de la vieja generación, Townsend llevó a
Hennessey hasta el final del muelle.
—¿Te importa? Me encanta
oír el agua dando en la madera.
—A mí también —dijo
Hennessey—. Pero la gente del restaurante nos puede ver, así que nada de besos.
La abuela nos daría una paliza si alguien se quejara.
Townsend se quitó los
zapatos y los calcetines y dejó que sus pies se mojaran en la marea alta.
—Bueno, dijiste que tenías
un millón de preguntas antes de que nos entrara la locura. ¿Quieres empezar con
la lista?
—Puede que haya exagerado
—reconoció Hennessey—. Pero sí que tengo algunas. Supongo que la más importante
es: ¿cuánto tiempo hace que sientes esto y por qué no me lo habías dicho?
—Eso son dos —le recordó
Townsend—. Pero puedo con dos. Creo que me volví a enamorar de ti cuando pasé
las Navidades aquí hace un par de años. Estábamos sentadas al lado del faro de
Harbor Town, hablando de cómo habíamos estado la primera vez que fuimos allí.
De repente me di cuenta de que te quería más que nunca.
—¿Entonces por qué...?
—Shh... shh... —la
tranquilizó Townsend—. Esa pregunta ya está sobre el tapete. No te lo dije
porque tú tenías una relación, cariño. ¿De qué habría servido?
Hennessey parecía
desconcertada.
—Pero si me lo hubieras
dicho, a lo mejor me habría dado cuenta antes de cómo era mi relación con Kate.
—Ya. —Townsend enfocó la
mirada y se quedó mirando a Hennessey un momento—. ¿Y por qué iba a hacer
semejante cosa?
—¿Y por qué no?
Townsend sacudió la cabeza
con irritación.
—Yo nunca, jamás, querría
estar con una mujer a la que hubiera que empujar para que se decidiera a estar
conmigo. Dios, Hennessey, ¿es que no me conoces? Nunca, ni una sola vez, dije
nada malo sobre la religión de Jenna. Era ella la que tenía que tomar su propia
decisión. ¿Por qué iba a intentar convencerte de que dejaras a Kate?
Con aire muy culpable,
Hennessey dijo:
—Yo te dije que seguía
enamorada de ti cuando tú estabas con Jenna.
Townsend le dio unas
palmaditas en el muslo y dijo:
—Yo siempre he sido más
desinteresada.
—Eso es cierto.
Hennessey la miraba con
total seriedad, pero Townsend no le hizo ni caso.
—No seas tonta. Durante
los dos primeros años de conocernos era una lunática.
—Pero siempre has sido más
madura que yo —dijo Hennessey—. Todavía lo eres.
—No creo que eso sea
cierto —dijo Townsend—. Tú tuviste que crecer demasiado pronto, nena. Yo no
crecí lo bastante deprisa. Ninguna de las dos cosas era muy recomendable. Creo
que ahora estamos prácticamente a la par.
—Bueno, ¿y qué hacemos
ahora? Le prometí a papá que estaría aquí toda la semana.
—Mmm... eso me recuerda.
¿Va a ser difícil decírselo a tus abuelos?
Hennessey se echó a reír.
—No, para nada. La abuela
lleva años diciéndome que estaba perdiendo el tiempo con Kate. Ha estado segura
desde el principio de que con quien tengo que estar es contigo.
—¿Conmigo? ¿En serio?
—Sí —dijo Hennessey—. Poco
después de que le dijera lo de Kate, me preguntó si a ti también te gustaban
las mujeres. No quería traicionar tu confianza, pero no pensé que te importara.
—Claro que no me importa
—le aseguró Townsend.
—Bueno, pues dijo que
nunca había visto a Kate mirarme como me mirabas tú. Parte del motivo de que
nunca le cayera bien Kate era que estaba segura de que tú me querías más que
Kate y estaba también segura de que yo te quería más a ti que a Kate. Siempre
te he querido más —dijo Hennessey, con una sonrisa culpable.
—¿Entonces por qué has
estado tanto tiempo con ella? —preguntó Townsend—. ¿Cómo podías estar con ella
si sabías que me querías más a mí?
Hennessey se rascó la
cabeza y dijo:
—No sé si hice lo
correcto, pero sí que hice lo que me pareció que era lo correcto. Creo que
puede que fuera como las personas que han perdido a un cónyuge muy amado. Si se
vuelven a casar, seguro que el tipo de amor es diferente. Si la mayoría de
ellos pudieran elegir, seguro que preferirían volver a tener a su primer
cónyuge. Pero como eso no puede ser, encuentran a alguien a quien amar... de
forma distinta. Yo amaba a Kate, la amaba de verdad, pero nunca la amé como te
amaba a ti, Townsend. Una vez juntas, le debía mi fidelidad. Me esfuerzo por
ser una persona de honor, y me pareció que lo honorable era intentar con todas
mis fuerzas que las cosas salieran bien con Kate.
—Ah. —Townsend se la quedó
mirando un momento y dijo—: Mi psiquiatra cree que elegiste a Kate porque era
una adicta al trabajo. Cree que estabas programando tu relación para que
acabara fracasando.
—No tengo que pagar por
ese análisis, ¿verdad? —preguntó Hennessey—. Porque me parece un asco.
—Podría ser —dijo
Townsend—, pero también podría haber algo de verdad en ello. Puede que hayas
buscado una amante "de arranque".
—Pues sí que la fastidié,
porque ha sido un arranque de lo más largo —dijo Hennessey, riendo—. Creo que
mi madrina de Alcohólicos Anónimos dio en el clavo y su opinión no me costó
nada.
—Tú siempre buscando
gangas, ¿eh? —dijo Townsend.
—Sí. Pero los consejos
gratis también pueden ser correctos. Ella pensaba que elegí a Kate para
protegerme.
—¿De?
—De ti —dijo Hennessey,
con expresión sombría—. Pensaba que al principio me sentía atraída por ti
porque eras alcohólica. Estar con alguien a quien tenía que salvar y conseguir
progresos era algo fantástico para mí. Me había pasado la vida intentando que
mis padres dejaran de beber y ahí estaba, ayudando por fin a alguien a quien
quería a que empezara a sentir aprecio por sí misma.
Con aire de estar a punto
de echarse a llorar, Townsend asintió.
—Eso sí lo entiendo. —Posó
la mirada en Hennessey y en sus ojos huidizos se notaba el miedo—. Ya no
sientes eso, ¿verdad?
A pesar de donde estaban,
Hennessey abrazó a su amiga, susurrando:
—No, no, todo eso ya lo he
superado. —Se apartó y miró a Townsend a los ojos—. Mi madrina me dijo que
sentirme atraída por Kate fue la cosa más sana que me podía haber pasado. Y en
ese momento, lo fue. Kate era una amante "de arranque",
pero no creo que yo estuviera programando nuestra relación para que fracasara.
Creo que estaba intentando crecer. Y, afortunadamente, elegí a una persona más
madura y con más experiencia que yo con quien crecer. Kate tiene una de las
familias más normales que he visto nunca —continuó Hennessey—. Los hijos se
comportan como hijos y los padres se comportan como padres. Kate nunca ha
tenido que ir a buscar a su padre a un bar y rogarle que vuelva a casa. Su
madre nunca le ha robado dinero. Tenía experiencia sexual, era fácil de querer
y era capaz de quererme sin un camión cargado de equipaje emocional.
—Yo tenía dos camiones
—dijo Townsend, con tono apagado y triste.
—Y yo —insistió
Hennessey—. Pero estar con Kate me permitió dejar atrás toda esa mierda. Habría
sido mucho más difícil si yo siempre hubiera estado intentando asegurarme de
que tú te mantenías en el buen camino.
—Pero entonces todo esto
no lo sabías, ¿verdad?
—¡Dios, no! Antes no tenía
tanto acceso a mi mente subconsciente.
—¿Y ahora? —El sol soltaba
destellos en el agua, bañando la cara de Hennessey en un resplandor bronceado.
Townsend deseó poder tocar ese rostro tan bello, pero sabía que tenían que ser
discretas cuando estaban en casa de Hennessey—. ¿Qué piensa ahora tu mente
subconsciente de nosotras?
—Todas mis mentes... y
tengo muchas... piensan que estar contigo es la mejor idea del mundo. ¿Y tú
qué? ¿Sigo con tu corazón?
—Sí. Soy tuya, larga.
Ojalá pudiéramos... —Miró hacia la casa y meneó una ceja con aire sugerente—.
Pero no parece posible.
—¿Estás segura de que
estás preparada para estar conmigo, T? No hace tanto que rompiste con Nicole.
—Fue a principios de julio
—dijo Townsend.
—¿Julio? Yo creía que fue
justo antes de que me escribieras.
—No. Ésa fue la primera
vez que tuve acceso a Internet.
—¿Qué pasó, nena? ¿Me lo
cuentas?
—Claro. Ahora que has roto
con Kate, puedo contarte toda la historia. Acabas conociendo muy bien a una
persona cuando estás con ella a todas horas. Y ella también acabó conociéndome
muy bien a mí. Algunas de las cosas que descubrió le mosqueaban. En realidad,
llevaban mosqueándola desde el principio, pero tenía miedo de preguntarme
algunas cosas. Por suerte, consiguió armarse de valor antes de decidir
trasladarse aquí.
—¿Qué tenía miedo de
preguntar?
—Tenía miedo de
preguntarme sobre ti. —Townsend tocó con el dedo el surco que se había formado
entre las cejas de Hennessey—. Nicole me preguntó si la quería a ella más que a
ti y en justicia no pude decirle que sí. —Miró al suelo y dijo—: Nunca amaré a
otra mujer tanto como a ti, Hennessey. Jamás.
Mientras hablaba,
Hennessey se fue arrimando más sin darse cuenta hasta que su amiga la detuvo.
—Estamos en público,
cariño.
—¿No podemos irnos a algún
sitio? Tengo que tocarte. He esperado un cuarto de mi vida para tocarte,
Townsend. Eres la mujer más preciosa, inteligente, sensible, divertida y moral
que he conocido en toda mi vida. Y tienes el cuerpo más delicioso —añadió, con
la voz ronca y un brillo decidido en los ojos.
—Delicioso, ¿eh? —dijo
Townsend, con los ojos chispeantes de nuevo—. Pues me temo que vamos a tener
que esperar un poco para probar nuestras delicias. Yo tengo que volver esta
noche y tú tienes que trabajar.
—Oooh... no me lo recuerdes.
La pesca comercial no es lo mío.
—Tengo que ir al
campamento y ocuparme de unas cosas, pero se me podría convencer para que
volviera.
—Por favor, por favor, por
favor, por favor...
Townsend detuvo los labios
en movimiento con los dedos.
—Volveré en cuanto pueda.
Tú no corras riesgos en el agua. Quiero que te concentres, cariño. Quiero que
tengas las dos manos y todos los dedos intactos cuando vuelva.
—Haré todo lo que pueda.
—Volvió a inclinarse hacia su amiga y se detuvo a tiempo—. Tengo que despedirme
de ti con un beso.
Fueron al coche de
Townsend, aparcado en un sitio donde nadie las veía. Townsend se apoyó en la
puerta y puso las manos en las caderas de Hennessey. Acercándose, con los ojos
parpadeantes de asombro, Hennessey dijo:
—Qué feliz soy... pero
también estoy triste. Las dos nos hemos esforzado mucho por estar con otras
personas. Ojalá hubiéramos podido quedarnos juntas para capear el temporal.
—No pienses eso —dijo
Townsend—. Nunca habríamos tenido esta oportunidad si no hubiéramos dedicado un
tiempo a crecer. Cuando nos conocimos, yo no podía pensar en ti como mi igual,
Hennessey, y acabas de reconocer que tú tampoco pensabas en mí de esa manera.
Ahora sí.
—No somos iguales —dijo la
morena, sonriendo con picardía—. Tú eres mi jefa. ¿Hay alguna norma al
respecto?
—Sí. La norma que
establece que vamos a pedirle a MaryAnn que nos haga codirectoras del
programa... y que las dos respondamos ante ella. No estoy dispuesta a dejar que
nuestro trabajo afecte a nuestra relación.
—¡Jo! Ésas son las palabras
que me moría por oír —dijo Hennessey, sonriendo.
—Lo digo en serio. Tú eres
lo primero, larga. Siempre lo serás. —Se besaron largo rato, intentando
controlar su pasión—. Te quiero, Hennessey. Te llamo en cuanto llegue a casa,
¿vale?
—Llevaré encendido el
móvil en todo momento. Llámame cuando quieras... a cualquier hora.
—Lo haré. —Besó a
Hennessey una vez más y luego le dio una palmadita en la mejilla—. No sé tú,
pero yo he tenido un día muy agradable.
—Si el mejor día de mi
vida se puede calificar de agradable, entonces te aseguro que he tenido un día
muy agradable.
—Tú espera —susurró
Townsend, mordisqueando el labio inferior de Hennessey—. Creo que puedo
mejorarlo. Dame tiempo.
—Todo el que necesites
—dijo Hennessey, con una sonrisa luminosa.
A la tarde siguiente, el
sueño de Hennessey se hizo realidad cuando Townsend apareció de nuevo sentada
en el muelle, esperando a que atracara el barco. Saltando del buque en cuanto
fue seguro hacerlo, Hennessey sonrió a su amiga con cariño.
—Llevo todo el día pensando
en ti. —Levantó las manos mugrientas y agitó todos los dedos—. Pero también me
he concentrado.
—¿Puedes irte ahora?
Hennessey se volvió hacia
el barco y Dawayne le hizo un gesto para que se fuera.
—Vete. Ya descargo yo. Me
alegro de volver a verte, Townsend. Esta vez llamaré antes de entrar.
—Siento lo de ayer, señor
Boudreaux.
—Yo he hecho cosas peores
—dijo, y en sus bellos rasgos se dejó ver el chico que todavía llevaba dentro.
Townsend se echó en la
cama de Hennessey, esperando a que su amiga se duchara. Hennessey estaba
cantando y Townsend la escuchó largo rato, pensando: No es una voz formada, pero es bien
bonita. Podría pasarme el resto de mi vida escuchando esa voz.
Hennessey salió mientras
Townsend seguía sumida en sus ensoñaciones. Iba vestida de nuevo con ropa muy
ligera y muy suelta, cosa obligatoria por el calor y la humedad. Se echó en la
cama al lado de Townsend y su olor limpio y fresco hizo que su amiga moviera la
nariz.
—Mmm, qué bien hueles.
—¿Ya no huelo a pescado?
—Será mejor que lo
compruebe. —Con una sonrisa provocativa Townsend se puso a olisquear todo el
largo cuerpo de Hennessey. Advirtió que su amiga no llevaba nada de ropa
interior y su mente empezó a divagar, intentando idear formas de tocar y
saborear algo de esa piel desnuda.
—¿Sigues comprobando?
—preguntó Hennessey un poco más tarde.
—No. —Townsend tenía la
cara hundida entre los pechos de Hennessey, incapaz de apartarse—. No sé si
puedo estar echada aquí contigo sin... —Deslizó los dedos por debajo de la
pernera de los pantalones cortos de Hennessey y fue subiendo cada vez más hasta
que una mano cálida la detuvo.
—No podemos enrollarnos
aquí, cielo. Ojalá pudiéramos, pero...
—Ya lo sé —dijo Townsend,
con tono derrotado—. Las paredes son delgadísimas.
—Podría ir a Hilton Head y
volver por la mañana.
—¿A qué hora salís tu
padre y tú?
—A las seis.
Townsend le frotó la tripa
a Hennessey.
—No me parece muy
relajante. No quiero que abandones mi cama a las cuatro de la mañana. Cuando te
ponga las manos encima, te voy a tener ahí mucho tiempo.
—¿Y qué hacemos?
—Creo que podemos besarnos
un rato y luego ir a ayudar a tu abuela en la cocina. Luego podemos besarnos un
poco más y me voy a casa.
—Me gusta lo de besarnos
—dijo Hennessey—. Me gusta mucho. Pero lo de que te vayas a casa es un asco.
—Volveré mañana por la
tarde. Ya es algo, ¿no?
—Sí —dijo Hennessey,
sonriendo—. Es más que algo.
A la tarde siguiente,
Townsend apareció a su hora y esta vez tenía buenas noticias.
—Mañana no tengo nada que
hacer. ¿Qué tal si me quedo esta noche y os ayudo en el barco mañana?
—¿En serio? ¡Me encantaría
que te quedaras! Pero creo que tenemos que guardar un poco las apariencias. A
la abuela no le que gustaría que...
—Oye, por eso no te
preocupes. Nos espera el resto de nuestra vida, cariño. Una o dos noches no van
a suponer ninguna diferencia.
La pareja empezó como
pretendía, con Townsend en el somier y Hennessey en el colchón en el suelo.
Hennessey no supo a qué hora ocurrió, pero en algún momento de la noche
Townsend se acostó a su lado y no tardaron en quedarse dormidas muy abrazadas,
sin importarles el calor.
A las cinco de la mañana,
la abuela de Hennessey abrió con sigilo la puerta para despertar a la
tripulación. Lo que vio le hizo sofocar un grito, pero se obligó a superar la
incomodidad y mirar atentamente a su nieta.
Hennessey estaba de lado,
con la cabeza apoyada en el hombro de Townsend. La mujer más menuda rodeaba la
cintura de Hennessey con los dos brazos, con las manos unidas a la espalda de
la morena. Townsend tenía la cara vuelta, con la barbilla apoyada en la cabeza
morena de Hennessey y un amago de sonrisa en los labios.
Las jóvenes parecían tan
absolutamente contentas y el cariño que sentían la una por la otra era tan
evidente, que no tuvo valor de despertarlas. Hoy
pueden salir los chicos solos. Estas dos necesitan estar juntas. Se rió de sí misma en silencio. ¿Pero qué mosca te ha picado? Antes
de que te des cuenta estarás participando en uno de esos malditos desfiles. Irguió la espalda y pensó con aire
digno: Por encima de mi
cadáver.
El sol entró despacio por
la ventana abierta, cuyos tenues visillos se mecían con una ligera brisa.
Townsend abrió los ojos y se encontró con la sonrisa de Hennessey.
—¿Estás despierta, tesoro?
—Sí. —Townsend se estiró y
movió los hombros—. Me siento como si hubiera dormido en una cabina telefónica.
—Vamos a poner el colchón
en el somier y a dormir un poco más. Todavía pareces cansada.
—¿No tenemos que
levantarnos?
—No hay prisa. Tenemos
mucho tiempo.
Era evidente que Townsend
seguía medio dormida.
—Vale. —Se apartaron del
colchón y lo subieron al somier—. ¿Estás segura de que tenemos tiempo?
—Mm-mm. Segurísima.
—Hennessey se metió en la cama y se puso a Townsend encima—. Duérmete, cariño.
Ya te despertaré.
—¿Seguro?
—Seguro.
El sol acabó dando
directamente en los párpados de Townsend. Con un leve maullido, alzó una mano y
se los tapó, intentando no despertarse. Hennessey sonrió y puso la mano encima
de la de Townsend, sin tocarla. Cuando ya parecía que se había vuelto a quedar
profundamente dormida, la rubia se despertó sobresaltada.
—¡Tenemos que levantarnos!
—Se incorporó, mirando a su alrededor con cara de pasmo.
Hennessey le puso una mano
en el hombro y volvió a tumbarla con delicadeza.
—No, no tenemos que
levantarnos. Tenemos el día libre.
—Pero...
—Ya lo sé. Pero podemos ir
a pescar cualquier otro día. La abuela se ha apiadado de nosotras.
—¿Eh?
—Me desperté justo antes
del amanecer y bajé para ver por qué la abuela no nos había despertado. Estaba
haciéndole el desayuno al abuelo y me dio un azote en el culo y dijo:
"Vuelve con tu chica".
—¿Tu chica? —Townsend se
echó a reír, con un tono algo alocado.
Hennessey se pegó a su
compañera y la abrazó con fuerza. Le mordisqueó el cuello y las orejas,
haciéndola chillar.
—Eres mi chica y todo el mundo
lo sabe. Hasta la abuela quiere que me pase el día haciendo el amor contigo.
—Detuvo su ataque y sonrió al oír la exclamación de Townsend.
—Tu abuela quiere que
hagamos el amor. Tu abuela quiere que nosotras hagamos el amor.
Sonriendo ampliamente, Hennessey
apoyó la cabeza en su otra mano y dijo:
—Sí. Y yo siempre hago lo
que dice mi abuela. Soy una chica muy buena.
Con un ligero ceño,
Townsend dijo:
—A ver si lo entiendo.
Estamos en la misma cama minúscula. Ninguna de las dos está liada con nadie
más. Las dos tenemos experiencia sexual. Mi familia te adora y la tuya parece
quererme a mí. —Le cogió a Hennessey la cara con las dos manos,
estrujándosela—. Y ahora me dices que tu abuela quiere que hagamos el amor.
¿Aquí no pasa algo raro?
—A-a.
—¿Qué? —Le soltó la cara a
Hennessey—. ¿Puedes repetir?
—Nada. Aquí no pasa nada
raro. Aquí es donde tenemos que estar. Tenemos todo el día para nosotras. —Puso
la mano en la cadera de Townsend, trazando pequeños círculos—. ¿Alguna queja?
La rubia se dejó caer boca
arriba.
—Estoy... estoy
estupefacta. Jamás en la vida pensé que por fin acabaríamos juntas en la cama.
¿Estás segura de que no estoy soñando?
—Muy segura. Yo estoy bien
despierta. Todas mis partes están despiertas. —Le dedicó a Townsend su sonrisa
más provocativa y empezó a mover la mano por su costado—. ¿Quieres verlo?
Townsend no contestó de
inmediato y Hennessey se inclinó sobre ella, percibiendo un leve asomo de
indecisión.
—¿Qué te pasa, cariño?
—No lo sé —dijo Townsend—.
Es como si fueran demasiadas cosas buenas todas a la vez. Estoy un poco...
asustada, creo.
—Nunca se tienen
demasiadas cosas buenas —la tranquilizó Hennessey. Pasó el dedo por las
pequeñas arrugas de la frente de Townsend—. Todo irá bien, cielo. Por fin
estamos donde siempre hemos querido estar.
—Ya lo sé —dijo, en voz
baja y un poco trémula—. ¿Y si ahora la fastidiamos?
—Ohh, pobrecita. No hay
nada de que preocuparse. No la fastidiaremos.
—A lo mejor tú no, ¿pero y
yo? Nunca he conseguido tener una relación duradera.
Hennessey olisqueó el
cuello de su compañera.
—La nuestra ha sido muy
duradera. ¿O es que no cuenta?
—Sí, claro que cuenta.
Pero no hemos tenido relaciones sexuales. A lo mejor no se me da muy bien, a
pesar de que lo he hecho mil veces. No fui lo bastante buena para mantener a
Jenna interesada y Nicole no quiso dejar Boston por mí. ¿Quién no elegiría
Hilton Head antes que Boston?
—Una lunática —susurró
Hennessey, volviendo a mordisquear ligerísimamente la oreja de Townsend.
—Hablo en serio —lloriqueó
Townsend—. Estoy muy nerviosa.
—¿Me das un beso?
—¿Eh?
—Me... das... un... beso.
Es una pregunta muy sencilla.
—Ven aquí —dijo Townsend,
mirándola levemente ceñuda. Rodeó a Hennessey con los brazos y la acercó. Sus
labios se encontraron y al sentir el peso de Hennessey encima de ella, parte de
su angustia empezó a desaparecer. Abrió la boca y recibió dentro la lengua
cálida y suave de su amante. Hennessey tenía un sabor tan fresco, tan
limpio...—. ¡Oye! ¡Te has lavado los dientes!
—Qué beso tan encantador
—suspiró Hennessey—. Lo que más me ha gustado es el grito que me has soltado en
la oreja.
Townsend la agarró de la
camiseta y la zarandeó en broma.
—¿Cuándo te has lavado los
dientes?
—Cuando me he duchado
—dijo la morena—. Que tú puedas pasarte el día entero durmiendo no quiere decir
que yo también sea una vaga.
—¿Estamos solas?
—Desde hace horas.
Literalmente.
Townsend trepó por encima
de su compañera, levantándose antes de que Hennessey pudiera detenerla.
—Si tú te duchas, yo me
ducho.
—¿Puedo ir contigo? Soy
muy ayudadora.
—Seguro que sí. —Townsend
le cogió la nariz y se la retorció—. A lo mejor más tarde. Ahora tengo que
darme a mí misma una charla. No te vayas.
Hennessey se estiró y se
puso las manos detrás de la cabeza.
—Ni se me ocurriría.
Cuando Townsend volvió a
la habitación, se puso en jarras y estrechó los ojos.
—Has estado en la cocina.
—¿Por qué lo dices?
—Hennessey estaba bebiendo un gran vaso de zumo de naranja y comiendo una
tostada atiborrada de mermelada.
—Dame un poco de eso,
bribona. Te dije muy clarito que no te fueras.
Ofreciéndole la tostada,
Hennessey dijo:
—Ya verás que estoy
domesticada, pero que no soy muy obediente. Soy un cachorrito muy terco.
Townsend se sentó a su
lado y dio un buen bocado.
—¿Tienes más?
—Mm-mm. Te he traído una.
Townsend cogió la tostada
y se puso a masticar, con aire pensativo.
—¿Estás segura de que
estamos preparadas para esto?
Hennessey gimió, meneando
la cabeza.
—¡Si lo dices en serio, me
tiro por la ventana!
Empujándola con el hombro,
Townsend dijo:
—Lo digo un poco en serio.
Puedes tirarte de la cama.
—Cariño, ¿qué pasa? Si
alguna vez ha habido dos personas que se merezcan... que se hayan ganado... que
hace siglos que deberían tener una relación sexual, somos nosotras. ¡Te conozco
y te quiero desde que Dios llevaba pañales!
Townsend le dio unas
palmaditas distraídas en la pierna.
—Lo sé, lo sé. Es que
estoy preocupada por tener por fin lo que quiero. Me da miedo.
—Y también es emocionante
—dijo Hennessey—. Es una recompensa por nuestra paciencia, cariño. Nos hemos
ganado el derecho a estar juntas ¡y vamos a ser felices! Estoy totalmente
segura.
—¿Estás segura? —Por un
instante, Hennessey vio un destello de la jovencita asustada que había conocido
tantos años atrás.
Besándola con ternura,
Hennessey acarició la cara de Townsend, tranquilizándola.
—Estoy absolutamente
segura. No tengo la menor duda, tesoro. Estamos hechas la una para la otra y ya
va siendo hora de que asumamos nuestro destino.
—Suena un poco ominoso
—dijo Townsend.
—Vale. Probemos por el
lado romántico. —Hennessey se bajó de la cama y se arrodilló ante Townsend.
Cogiendo entre las suyas las manos más bonitas que había visto en su vida,
Hennessey miró profundamente a su compañera a los ojos y dijo—: Supe que eras
la mujer de mi vida la primera vez que te besé. Sentí una descarga de calor que
me llegó al alma, Townsend, y lo supe. Simplemente lo supe. Hemos tardado mucho
en llegar a este momento, pero cada paso ha merecido la pena. Cada vez que
hemos tropezado, cada vez que nos hemos hecho daño, nos ha traído hasta aquí. —Besó
tiernamente las manos temblorosas—. Te amo con todo mi corazón... con toda mi
alma. Y te prometo que siempre te amaré. No hay muchas cosas de las que esté
segura, pero estoy segura de ti... de nosotras.
Los temblores cesaron de
inmediato y Townsend apretó las manos de Hennessey. Tiró de ellas, ayudando a
su amante a volver a la cama.
—Creo que ya hemos hablado
suficiente por hoy. Vamos a hacer algo más productivo con la boca.
En un abrir y cerrar de
ojos, Hennessey quedó tumbada boca arriba, con Townsend echada encima de ella.
—El romanticismo me vuelve
loca —murmuró, depositando besos cálidos y húmedos por toda la cara de
Hennessey.
—Te puedo recitar poesía
—jadeó Hennessey.
—Más tarde. Mucho más
tarde. —Townsend cubrió la boca de Hennessey con la suya y la besó con todo el
amor que sentía en su corazón—. Te quiero tanto —suspiró—. Tantísimo.
Hennessey la estrechó con
más fuerza y se puso de lado, trasladando también a Townsend. Sus manos se
movieron por el cuerpo esbelto y musculoso, deslizando el suave algodón de la
camiseta y los pantalones cortos por la piel tapada. Al tiempo que Townsend
aumentaba la intensidad de sus besos, los dedos de Hennessey se colaron por
debajo de la camiseta y entre sus piernas comenzó un sordo palpitar al tocar la
piel sedosa.
—Mmmmm —fue lo único que
consiguió decir, pero Townsend la comprendió perfectamente. Besándola con
fuerza, Townsend se incorporó y se agarró el cuello de la camiseta,
quitándosela y tirándola al suelo.
Los ojos de Hennessey se
pusieron como platos por la sorpresa cuando Townsend volvió a echarse,
colocándose de tal manera que su pezón quedó dulcemente metido dentro de la
boca abierta de Hennessey. La morena agarró a su compañera con fuerza, gimiendo
al chupar la carne cada vez más firme. Townsend se agitó y suspiró, pasando los
dedos por el pelo negro de Hennessey, cada vez más excitada al ver a su amante
dedicar tan tiernos cuidados a su sensible pecho.
Intentando hablar con la
boca llena de la suculenta carne, Hennessey farfulló:
—Mamaioho.
—Oh, cariño —ronroneó
Townsend—. Me encanta tu voz y me encanta oírte hablar, pero podemos hablar
luego. Sigue usando esa boca tan bonita.
Alzando la cabeza,
Hennessey le sonrió.
—Lo siento. Es que tenía
que decirte lo maravilloso que es el sabor y el tacto de tu cuerpo. Eres todo
lo que sabía que serías.
Townsend se levantó el
otro pecho y se lo metió a su amante en la boca.
—Amor ahora. Charla
después.
Hennessey no pudo evitar
sonreír, pero siguió las instrucciones y no tardó en descubrir que ella tampoco
quería seguir hablando. Chupó, lamió y besó los hermosos pechos, haciendo que
Townsend se retorciera y suspirara. A ella también le cosquilleaban los pechos
y se apartó el tiempo suficiente para arrancarse su propia camiseta. Colocó sus
pechos contra la carne caliente y húmeda de Townsend, pegándolos todo lo
posible al tiempo que se frotaba contra ella.
La presión era
enloquecedora, pero Townsend quería —necesitaba— más. Echó las piernas
alrededor de la espalda de Hennessey, moviendo las caderas despacio y apretando
los dientes de frustración.
La morena se colocó boca
arriba, enganchó con los pulgares los pantalones cortos de Townsend y se los
quitó. Se llenó las manos con las lisas y redondas nalgas, estrujándolas. Tenía
la boca tan llena que no conseguía decir palabra, pero sus gruñidos guturales
comunicaban a Townsend toda la información necesaria.
Con sus fuertes muslos,
Townsend se dio la vuelta, llevándose inesperadamente a Hennessey consigo. Los
brillantes ojos azules se abrieron de golpe, mirando con asombro al ver su
mundo del revés. Ahora que la tenía donde quería, Townsend le devolvió el favor
y le quitó las bragas a la morena con gesto elegante.
Las dos mujeres totalmente
desnudas se pegaron la una a la otra, con la piel cubierta de una ligera capa
de sudor. La cama era pequeña, pero se las arreglaron para aferrarse la una a
la otra en un abrazo estrechísimo, rodando de un lado a otro mientras cada una
se deleitaba en la sensación del cuerpo de la otra.
Hennessey no pudo esperar
más y deslizó la mano entre sus cuerpos, bajando por el firme vientre de
Townsend y los rizos claros, hasta colarse entre sus piernas. Por instinto,
Townsend levantó la pierna y la echó por encima de las caderas de Hennessey,
abriéndose a las caricias de su amante.
Alzando de nuevo la
cabeza, Hennessey miró a su amante, comunicando sus sentimientos con los ojos.
Sus labios se encontraron al tiempo que los ágiles dedos de Hennessey tocaban
el calor de Townsend por primera vez. Con un abrazo feroz, Townsend se aferró a
su compañera con todas sus fuerzas, instándola a seguir con un levísimo gemido.
Hennessey se recreó en las
delicias del sexo de Townsend, dejando que sus dedos jugaran con cada pliegue y
valle de la carne rosada. La acariciaba con suavidad y sin centrarse en nada,
intentando prolongar la sensación todo lo posible. Jugueteando, deslizándose
sobre la piel increíblemente sensible, provocó a Townsend hasta volverla loca
de deseo. La rubia se apretó contra ella, intentando obligar a Hennessey a que
acelerara el ritmo, pero lo único que hizo Hennessey fue aumentar la
profundidad de sus besos, dejando a Townsend tan sin aliento que sólo pudo
gruñir de frustración.
Por fin, Hennessey se puso
a explorar sus profundidades, deslizando un dedo dentro de Townsend con tal
lentitud que la rubia quiso gritar. Pero cuando el largo dedo llegó hasta el
fondo, ronroneó de placer, farfullando entre besos:
—Más.
Manteniéndola al borde de
la satisfacción plena, Hennessey se puso a toquetear alrededor del clítoris de
Townsend, sin llegar a tocarlo directamente. Pellizcó y tiró de los delicados
labios, hasta que Townsend empezó a menearse contra ella, con el cuerpo
cubierto de sudor.
—Por favor —jadeó—. Por
favor.
Hennessey volvió a
besarla, chupándole el labio inferior, disfrutando de su sabor salado.
—Siempre te haré favores,
cariño. Siempre.
Mientras lo decía, metió
otro dedo dentro de ella, moviéndose deprisa para hundirlo hasta el fondo.
Townsend sofocó un grito y agitó las caderas al sentir la presión. Se agarró lo
mejor que pudo, pues a sus brazos les costaba sujetarse a la espalda mojada de
Hennessey.
—Ya casi. ¡Ya casi!
Hennessey metió un dedo
más dentro, notando la estrechez húmeda de la carne de su amante que palpitaba
alrededor de su mano. Luego se retiró, bajando con el dedo mojado hasta tocar
apenas el culo de Townsend. Miró a los ojos medio cerrados preguntando en
silencio. Como respuesta, Townsend le agarró la mano y empujó, metiendo todos
los dedos de Hennessey en sus respectivos lugares. La rubia gruñó y clavó los
dientes en el hombro de Hennessey, marcándola.
Intentando concentrarse a
pesar de sentir el coño dolorosamente palpitante, Hennessey colocó el pulgar
justo encima del clítoris de Townsend. Empezó a mover la mano, deslizando el
pulgar sobre la protuberancia de nervios al tiempo que sus dedos se movían
dentro de su amante.
Las palabras que emitía la
rubia eran un puro galimatías: en parte grito, en parte gruñido, con algunas
sílabas ininteligibles de vez en cuando. Pero Hennessey lo interpretó como una
dulce expresión de aliento. Siguió moviendo la mano, despacio, despacio,
tocando, acariciando y penetrando todas las partes del cuerpo de Townsend.
Su propia necesidad era
tan grande que Hennessey ya no pudo seguir ignorándola. Se metió el muslo de
Townsend entre las piernas y empezó a empujar con las caderas, enloquecida al
sentir la piel sedosa.
La presión fue en aumento,
subiendo cada vez más hasta que Townsend creyó que iba a estallar. El orgasmo
le llegó de repente e inhaló bruscamente, arqueando la espalda por encima de la
cama. Gritó al tiempo que se aferraba a la sábana y luego soltó el aliento,
como si se estuviera estremeciendo. Sus brazos inertes se esforzaron por
agarrar a su amante, pero no tenía fuerza suficiente para juntar las manos.
Con unas rápidas
embestidas más, Hennessey alcanzó el orgasmo ruidosamente, gruñendo y emitiendo
un "¡Sí!" con los dientes apretados.
Cayendo boca arriba como
un árbol cortado, Hennessey se quedó tumbada junto a su amante, sin aliento y
floja, con el cuerpo cubierto de sudor.
—¿Quién necesita una
siesta? —murmuró.
La respuesta de Townsend
fue pegarse al costado de su compañera, murmurando:
—¿Me prometes que me vas a
hacer eso todos los días?
—¿Todos los días?
—preguntó Hennessey, riendo suavemente.
—Todos los días —dijo
Townsend—. Prométemelo.
—Te lo prometo —asintió
Hennessey—. Aunque podría mejorarlo.
—Vale —cedió Townsend—.
Eso es el mínimo, pero si puedes hacerlo mejor...
—Vamos a probar de nuevo
después de la siesta —dijo Hennessey, bostezando.
Townsend se quedó echada
junto a su amante y le puso una mano en el vientre. Hennessey estaba casi
dormida cuando la rubia dijo:
—Tienes una tripa
monísima.
—Mmm mmm —farfulló
Hennessey, con los ojos bien cerrados.
—Pero no se te deberían
notar tanto los huesos de las caderas. Tienes que engordar un poco.
—Muy bien. Me pongo a
ello. —La cama se agitó y Hennessey notó que Townsend se movía. De repente,
notó que su pecho recibía amorosas atenciones—. ¿Qué haces? —preguntó la
morena.
—No puedes dejar una cosa
así de bonita suelta por aquí y esperar que me porte bien. Soy humana.
Abriendo los ojos,
Hennessey se puso las manos detrás de la cabeza y observó a Townsend mientras
ésta le besaba y mordisqueaba todo el tronco.
—Supongo que podemos echar
una siesta más tarde, ¿no?
—Mmm mmm.
—Se le da demasiada importancia
a eso de dormir.
—Mmm mmm.
—Oye, ¿dónde vas? Oooh...
eso está bien.
—Mmmmmmm mmmmmmm.
—Townsend levantó la cabeza y se lamió los labios—. Me voy a pasar mucho tiempo
aquí abajo.
—Por mí no tengas prisa
—dijo Hennessey, recostándose y suspirando profundamente—. Oh, qué gusto. Pero
qué gusto.
Townsend siguió lamiendo
la esencia de su compañera y no tardó en dejar a Hennessey incapaz de
pronunciar palabras completas. Tumbada boca arriba, con las piernas abiertas de
par en par, Hennessey movía las caderas en un lento círculo. Townsend seguía su
ritmo, moviendo la lengua al compás de los movimientos de su amante.
Cuando Hennessey empezó a
moverse más deprisa, Townsend hizo lo propio, presionando un poco más. A
ciegas, Hennessey bajó la mano y agarró una de su compañera, trasladándola
debajo de la barbilla de Townsend. La rubia supo perfectamente lo que deseaba
Hennessey y se deslizó dentro de ella, colocando los dedos con delicadeza al
principio de la abertura de Hennessey. Apretando en diversos puntos, fue
moviéndose como las manecillas de un reloj. Cuando sus dedos llegaron a las
doce, Hennessey farfulló algo y empezó a agitar las caderas, con fuerza. A los
pocos segundos, soltó un grito y se aferró a los hombros de Townsend, queriendo
acercarla más y apartarla al mismo tiempo. Se agitó y se estremeció y por fin
tiró de Townsend hasta que la rubia subió por su cuerpo y la acunó. Se quedaron
abrazadas largo rato, mientras el corazón de Hennessey recuperaba un ritmo
normal.
Townsend cerró los ojos y
empezó a quedarse dormida, mientras la brisa que entraba por la ventana le
refrescaba la piel ardiente.
—No quiero parar —murmuró.
La voz tranquila de
Hennessey llegó flotando hasta su oído.
—No son ni las diez.
Acabamos de empezar.
Townsend se incorporó un
poco y miró a su compañera. Hennessey la miró con una sonrisa desconcertada que
no tardó en transformarse en una sonrisa plena. En sus ojos había tanto amor
que Townsend se conmovió hasta el punto de quedarse sin habla. Abrazando a
Hennessey, la besó, dedicándole un largo rato, saboreando sus dulces labios y
su lengua.
—Sí que acabamos de
empezar —dijo suavemente, frotando la cara en el cuello de Hennessey—. Nos
amamos desde hace años, pero hoy nuestra vida ha vuelto a empezar.
—Por nuestro nuevo
comienzo —dijo Hennessey, volviendo a besar a su compañera—. Por una vida
entera de nuevos comienzos.
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