Taylor murmuró algo ininteligible entre sueños, girándose para coger con
su brazo el cuerpo de Torrey. El brazo de la artista sintió la cama, y un espacio
vacío donde Torrey
estuviera tumbada antes. El vacío provocó que algo se
disparara en el inconsciente de la mujer, haciendo que saliera de su agradable estado de sopor en el que estaba inmersa.
Un suave y rítmico sonido hizo que Taylor se alzara apoyándose en un codo, intentando enfocar con sus ojos entre la tenue luz. Confusa, finalmente encontró la pequeña figura de Torrey sentada de piernas cruzadas a los pies de la cama, mientras sus dedos
volaban a través de las teclas del pequeño portátil
que
estaba
sobre sus rodillas.
El despeinado pelo
rubio caía
casi cubriendo las gafas que reflejaban la pantalla del
ordenador en cada lente.
Vestía la blanca camiseta de Taylor y nada más.
“¿Tor?”.
“Estoy bien, cariño. Sólo tenía que escribir algunos pensamientos. No te
importa, ¿no?” preguntó Torrey, parando sus dedos sobre el
teclado.
Taylor sonrió dormida, alegrándose de que la musa de la escritora hubiera vuelto. “Nop, ¿te importa si sigo durmiendo?”. La artista no espero la respuesta
antes de girarse sobre su estómago y extendiendo su larga figura desnuda bajo
las
sábanas de seda. Colocó dos mullidas almohadas bajo su cabeza.
“Vamos, siéntate aquí
o
a
la
mañana te
va
a
doler
la
espalda
con ganas...”.
Torrey
llegó hasta el
hueco
que Taylor
le
había indicado y besó
tiernamente la mejilla de la ya dormida mujer. Taylor se acurrucó inconscientemente más cerca de la escritora mientras las teclas retomaban su
suave golpeteo. La morena mujer sonrió entre sueños ante el sonido de lo que llegaría a ser un confortable sonido para sus oídos los años venideros.
“Hey”. Jessica alzó la mirada del crucigrama que tenía frente a sí en la mesa de la cocina.
“Hey” murmuró Taylor, dándose cuenta de lo mucho que Jess se parecía
a su
madre cuando llevaba sus nuevas gafas.
“¿Viste a Dios anoche?” preguntó JT en un tono serio.
“¿Qué?” preguntó Taylor, perpleja.
Jessica apenas podía mantener el gesto serio. “Lo he supuesto por cómo le llamabas ayer a la noche, has debido de tener una revelación o algo así”. La
joven mujer estaba casi
doblada de la risa.
Taylor sabía que
se estaba poniendo
roja,
pero
no había
nada
que pudiera hacer para evitarlo. Había sido cogida con las manos en la masa y ahora tenía que confesar y sufrir las bromas que de seguro iban a sucederse
durante bastante tiempo. Aunque Torrey y ella habían oído a JT llegar a la noche, y a pesar de que habían cerrado con llave la puerta de la habitación, había demasiado silencio como para evitarlo.
Taylor sonrió a la joven. “Ríete, pequeñaja. Puedes decirme todo lo que quieras, pero no quiero que te burles de tu madre así”.
“¿Burlarse de su madre cómo?” preguntó Torrey con voz todavía medio
dormida. La pequeña rubia se dirigió hacia la cafetera y preparó una taza,
primero para ella, y después
otra para
la alta artista
apoyada contra
el mostrador.
Ofreció la caliente taza a Taylor y con naturalidad besó tiernamente los labios de la alta mujer. Taylor sonrió ante el
beso y le devolvió el gesto.
“Buenos días” sonrió Torrey.
“Lo mismo digo” replicó Taylor, besándole la frente.
“Buenos días a ti también”. Torrey se dirigió hasta su sentada hija y le
besó
en la coronilla. “¿Qué?” dijo Torrey dirigiéndose a su hija. “¿Realmente
pensabas que no estaría de buen humor a la mañana siguiente de...?”
Jessica casi escupe su té contra la mesa mientras Taylor rompía en una incontrolada y estridente risa que la joven nunca le había oído.
“No creo que se esperara eso de mí” dijo Torrey con una sonrisa mientras
volvía a recorrer el camino hasta la habitación para darse una ducha.
“¿Quién es esa mujer?” preguntó JT a la artista.
“Esa es la Torrey Gray
que yo conozco.
Creo
que ya
puedes ir
acostumbrándote a ella, peque” le dijo Taylor con una sonrisa, dejando su café
sin tocar y yendo en la misma dirección que la pequeña rubia había recorrido.
La puerta de la habitación de invitados estaba abierta. Torrey estaba sacando ropa limpia del armario y las colocó en la puerta. Taylor entró en la habitación y lentamente se
acercó por detrás de la mujer, envolviéndola con
sus
brazos y besándole tiernamente el
cuello.
“Te amo” le dijo Taylor.
“Mmmm,
me gusta
oír
eso” respondió
Torrey, alzando
su mano para
entrelazar los mechones de la morena mujer. “Yo también te amo”.
“¿Cambiarás tus
cosas
a
la
habitación principal?”
preguntó Taylor, aguantando el
aliento ante la respuesta.
“¿Estás segura de que me aceptas?” le devolvió Torrey, dándole a la
mujer una última oportunidad.
“Por supuesto” respondió Taylor, firmando su respuesta con un beso.
“Voy a darme una ducha,... ¿te vienes?”
“¿Con Jess en la habitación de al lado? ¿Crees que debemos?”
Taylor sonrió contra la piel
del cuello de Torrey. “¿Crees que oirá algo que no haya oído esta noche?”
“Nunca lo sabrá...” replicó la rubia alzando una ceja. “Nunca”.
“¿Estás dormida?” murmuró Jess.
“Uh unh” negó Torrey con la cabeza, abriendo sus ojos. La mujer mayor estaba arrebujada en el gran sillón de la habitación familiar, donde había caído dormida ante los
sonidos de al otro lado de la casa, principalmente de la lijadora de Taylor.
“¿Podemos hablar un momento?”
“Por supuesto, cariño, ¿qué pasa?”
“Yo, uhm... he estado pensando...”. Jess se paró y miró a los ojos a su
madre. Taylor y ella estaban teóricamente juntas ahora, pero ¿qué pasaba si volvían a vivir a Chicago?
“Quieres quedarte aquí, en California” respondió su madre al hecho en cuestión.
“¿Tienes idea de lo mucho que odio que hagas eso?” sonrió su hija.
“Cuando seas madre tendrás ese mismo poder” rió Torrey.
“No creo que esté preparada para volver” replicó Jessica con mirada
seria. “Bueno, ahora todo va bien. Quiero decir que Taylor y tú estáis juntas,
podemos vivir aquí, ¿verdad?”
“Yo sólo veo un problema, cariño, y es que Taylor no me ha pedido que me quede a vivir aquí”.
“Bueno, sí, pero probablemente lo da por hecho, ¿no?”
“Al fin y al cabo, Jess, a toda mujer le gusta que le pregunten” respondió
Torrey.
Jessica pensó que las dos mujeres iban a vivir esa felicidad que se les había denegado, pero sólo si, Dios, éstas dos no lo hacen más complicado de
lo que realmente debería ser, se dijo a sí misma.
“¿Qué es lo que quieres hacer aquí que no puedas hacer en Chicago, Jess?”
“Ir a la Universidad de
California, la que está aquí
en Irvine.
Quiero estudiar
arte. Sé
que portarme
bien
es algo nuevo
para
mí,
pero
estoy
dispuesta a trabajar muy
duro, mamá, incluso a tener un trabajo para poder pagarla”.
“Sabes que el dinero no es un problema, Jess. Te daría la luna si es lo que necesitas, pero eres aún muy nueva en el programa y me preocupa lo que
pueda pasar cuando Taylor o yo no estemos cerca y tú tengas que afrontar tu
primera tentación”.
“Lo sé. A mí también me da miedo si lo pienso, pero no puedo estar encerrada
en el
capullo hasta que no
haya
alcohol
o
drogas flotando al
rededor”.
Torrey ya sabía que
su
respuesta sería
un sí.
Estaba
terriblemente contenta
de que
su hija
hubiera transformado su amor
por
el arte a una
esperanza de
futuro. “Si
estuviera de
acuerdo, creo que
me
gustaría que
vivieras aquí al menos tu primer año, no en el campus, y desde luego no en la Sorority” dijo con una irónica sonrisa. “Jess, ¿te
molestaría si trabajara en la
universidad? Me refiero a que no estaría controlándote, pero... me han hecho una oferta del departamento de filología” le contó Torrey a su hija.
“Mamá, eso sería tan genial... No, no me importaría en absoluto. ¡Me encantaría!”
le
respondió
Jess entusiasta.
De
repente se mostró seria,
frunciendo sus cejas. “No dejarás de escribir, ¿no?”
“He tenido problemas con mi escritura, Jess. No me ha salido últimamente. Es extraño, sin embargo, porque siento que está volviendo a mí”.
“Tal
vez
porque Taylor y tú...”.
“Tal
vez” respondió Torrey a la silenciosa pregunta.
“Espero que no tengas que dejarlo, mamá. Eres una buenísima escritora,
las
cosas que
puedes poner en un papel...” siguió Jess. Después miró a los ojos a su madre. “He leído
tus libros
mientras
estaba
aquí”
y
añadió profundamente:
“supongo
que debo decir
que lamento
no haberlos leído
antes”.
“Gracias, Jess. Además, sólo porque vuelva a enseñar no significa que no
pueda escribir también. En cualquier caso el puesto es sólo de medio día, y aunque yo no aceptara el
trabajo y no estuviera en California, sé que Taylor
estaría encantada de que estés aquí”.
Aunque Jess no quería pensar en esa última frase, extendió sus brazos y
dio
un abrazo de oso a la pequeña mujer. “Te quiero, mamá. Haré que Taylor y
tú estéis orgullosas de mí algún día”.
Torrey pasó tiernamente una mano por la mejilla de su hija. “Oh, cariño,
ya has hecho eso”.
Torrey se apoyó contra la verja de madera del patio, bajo la mirada de las
colinas. Oyó deslizarse las puertas del patio y en unos segundos sintió unos fuertes brazos envolverla por encima de su cuerpo.
“Mmmm, adoro la forma en que tus brazos me hacen sentir” murmuró a la
morena mujer que estaba tras ella.
“Bueno, creo que me podría acostumbrar a ello” señaló Taylor, apretando su abrazo y sintiendo el
cuerpo de Torrey apoyarse contra su pecho.
“Adoro ser capaz de ver las estrellas de esta forma. En Chicago tienes que competir con los edificios y las luces para poder verlas”.
“Bien, tal vez tengamos la oportunidad de verlas aquí, en la costa Oeste” susurró Taylor, atrayendo el cuerpo de Torrey más cerca de ella y apoyando su barbilla en el hombro de la mujer más pequeña. “He hablado con mamá hoy.
Espero que no te importe, pero le he contado lo nuestro”.
“¿Qué ha dicho?”
Taylor dejó escapar una divertida sonrisa. “Ya la conoces. Actuó como si
supiera todo lo que había pasado. Apuesto a que comenzó a gritar como una banshee en cuanto colgué. Dijo algo, sin embargo, que me dio que pensar. Le
dije
que parecía todo tan claro ahora, el
amor que sentimos cada una... me
pregunte porqué no hemos podido verlo hasta ahora. Me dijo que no era que
no pudiéramos verlo, era que no lo veíamos. Tú eres la filósofa. ¿Qué crees
que
significa?”
“No hay
nada tan ciego
como
aquel que no
quiere ver...”
respondió Torrey. “No
recuerdo si es una cita o un dicho, tan profesora de inglés que soy... Sin embargo creo que estoy de acuerdo con tu madre”.
Torrey giró entre los brazos de Taylor y apoyó su mejilla contra el pecho
de la artista, escuchando el fuerte y rítmico latido de su corazón.
“Creo que aunque las cosas no hubieran salido así todos estos años,
aunque me hubieras profesado tu amor eterno entonces…No lo hubiera visto. Nunca pensé que
pudieras amarme. Sabes lo que Evelyn me hizo. Joder, nunca pensé que nadie pudiera
amarme. Estaba probablemente frente a mí, Stretch, y yo me negué a verlo”.
Taylor se preguntó una vez más que había hecho bien en su vida para merecerse a la mujer que tenía entre sus brazos.
“Tienes razón” afirmó Taylor tristemente. “Podrías haberte lanzado a mi
cama, Tor, y
hubiera rehusado. Nunca pensé ser lo suficientemente buena
para ti. Siempre pensé que, algún día, alguien digno de tu amor aparecería para hacerte feliz. Ni siquiera me hubiera permitido ver que podría haber sido yo”.
“El amor no
es ciego”
dijo Torrey,
moviendo
su
cabeza
aturdida.
“Simplemente es estúpido”.
“¿Vas a mirar cómo me preparo?” preguntó Torrey, introduciéndose en el
negro vestido de tirantes que había elegido para la exposición de la artista en la galería L.A.
“Uh huh” afirmó con la cabeza la artista desde su sitio en la cama. Estaba
tumbada con su bata de seda azul, sus manos apoyadas tras su cabeza, mirando al
sexy
vestido de la rubia. “Siempre he querido saber qué hace que te
cueste tanto prepararte. Pero…” añadió,
saltando hasta estar detrás de la
escritora que le indicaba la cremallera que necesitaba
ajustarse “si te hace sentir mejor, siempre he pensado que vale y mucho la pena esperar”.
“Siempre, ¿eh?” preguntó Torrey, inclinando su cabeza ligeramente para
permitir a la alta mujer que le diera un beso en esa parte de su piel.
“Siempre. Mmmm,
adoro
este
vestido”
respondió
Taylor, retirando el
tirante del hombro mientras sus besos se hacían más apasionados. “Quítatelo...” pidió la artista.
“Hemos quedado con Jess y Val en la galería. Llegaremos tarde” avisó
Torrey.
“Y ahora, pregúntame si
eso
me importa”
Los ojos de Torrey se cerraron y sus labios se apartaron en un gesto muy sensual mientras los labios de Taylor encontraban el hueco tan sensitivo justo bajo la oreja. “Oh, sí... bájamela...” ordenó impaciente la escritora.
“Definitivamente me equivoqué de profesión” susurró Torrey a la amiga de
su hija
mientras Valerie y ella atravesaban la gran galería, mezclándose por entre los patrocinadores.
Era la primera vez que Torrey veía el precio de los trabajos de su amante, y
su boca se secó ante los números. “¡Creo que éste cuesta tanto como los beneficios de mis últimos tres libros!” rió la escritora. “Ahora ya sabemos cómo
le alcanza para tener un Mercedes”.
Valerie rió ante los comentarios de la mujer. Recordó el comienzo de la noche, cuando la artista y la mujer que estaba ahora a su lado, surgieron del rugiente coche rojo
deportivo. Jess
le vaciló a Taylor con la razón
por
la
llegaban tarde, pero Val no pilló la
broma hasta que Jess le explicó toda la
situación en privado. Val creía que nunca jamás escucharía algo tan romántico
como aquel
relato.
Torrey miró mientras Taylor presentaba a Jessica a una nueva persona que algún día podría ser buena para su carrera. Era como si Taylor conociera a todos en el mundo del arte, y esa noche todo el mundo quería hablar con ella.
La artista se encogió de hombros a modo de excusa cuando pilló la mirada de Torrey desde una zona de la galería. La escritora le guiñó un ojo y le ofreció una de sus sonrisas de no puedo ayudarte. Además Jessica parecía estar en el séptimo cielo, y Torrey realmente disfrutaba de la compañía de Valerie. La joven no estaba como hipnotizada ni se comportaba como tal ante la conocida
Torrey Gray, y la escritora apreciaba eso más de lo que las palabras pudieran decir.
Finalmente Jessica encontró a las dos mujeres fuera, respirando algo de
aire fresco.
“Taylor te busca, mamá”
“Bien, que quede lejos de mis deseos el hacer que la artista de la década deba esperar” replicó Torrey y se introdujo en la galería.
Torrey soportó las
miradas mientras
atravesaba las
estancias de
la
galería buscando a la artista. Algunas de esas miradas eran de las típicas que
tenía que manejar mientras la gente se preguntaba si ella era realmente la mujer que parecía ser. Esa noche
parte de las miradas tenían parte de su
razón en el hecho de que casi toda la gente de la inauguración habían visto llegar a Taylor y ella juntas y la forma en que la artista tomaba su mano
mientras atravesaban la multitud. La razón final era una con la que la escritora podía
vivir. Se veía bien. Podría ser pequeña y cuarentona, pero tenía un
increíble aire de confianza que surgía de su propio cuerpo.
“Torrey Gray” dijo una voz femenina detrás de la escritora.
Torrey paró, frenando sus pasos. Reconoció la voz de inmediato, pero
nunca esperó
escucharla allí, en
California,
y
menos
en la exposición
de Taylor. Se
giró
para
enfrentarla, mientras
miles
de diferentes
escenarios atravesaban su mente.
“Hola, Kat” dijo Torrey volviendo su rostro hacia la mujer.
La prostituta estaba tan magnífica como siempre. Tomó la mano de la
escritora durante uno o dos segundos antes de liberarla tras el tiempo debido.
Estaba un poco
demasiado cerca de la escritora de lo que probablemente debería, pero tenían una historia y eso permitía ciertas libertades.
“Estoy aquí con un cliente, ella es fanática de los trabajos de cierta artista
californiana y cuando oí su nombre, tengo que admitirlo, me ganó la curiosidad.
Tenía que saber si
esa
Taylor era tu Taylor.
“Bueno, la verdad es que...”
“Cariño, creo que puedes tomar esta”. Taylor portaba una aflautado copa de champán para la autora en una mano, deslizando el otro brazo al rededor de la cintura de Torrey en un inconfundible gesto de posesión.
“Umm... gracias” respondió Torrey nerviosa. La escritora miró a la artista,
quien tenía una hechizante sonrisa en su rostro. Fue entonces cuando Torrey
lo vio de nuevo, el azul del iris de Taylor estaba en ese momento de un color
gris acero. Había en ellos un brillo
que
Torrey no había visto antes. Era un inequívoco destello de celos.
Oh, Dios... ¿porqué a mí? se preguntó Torrey.
“¿Quién es tu amiga?” preguntó Taylor, todavía con la hechizante sonrisa en su sitio. Pero Torrey podía sentir la tensión en la voz de la mujer más alta y hubiera
reído
ante la
ironía de
toda la situación, si no
pareciera
tan
condenadamente seria.
“Oh, ésta es...”. Torrey sabía que debía tener los ojos como platos porque
Kat sonreía con una divertida sonrisa en su rostro. La escritora se dio cuenta
de que no tenía ni
idea
de cuál era el nombre completo de Kat.
“Katherine Berring” dijo Kat con una sonrisa, ofreciendo una mano a la
artista. “Así que tú eres Taylor Kent. Es como si te conociera. De la revista
Arquitectural Digest” añadió
rápidamente con una
sonrisita.
“Tu
trabajo es
realmente increíble”
“Gracias” replicó Taylor.
Torrey miró mientras ambas mujeres se enfrentaban
silenciosamente. La
pequeña rubia se encontró incómoda en medio de su lucha mental.
“Y dime, ¿de qué conoces a Torrey?” inquirió Taylor
“Bueno, la verdad...” comenzó Kat.
“New York” finalizó Torrey rápidamente. Por favor... por favor, Kat, has
sido
un tesoro,
pero ¡puedes simplemente pasar de esto! Torrey aprovechó el momento de silencio para acabar el champán de la copa de un largo trago.
“¿Sedienta?” preguntó Taylor. Señaló con la cabeza la vacía copa.
“De hecho sí. ¿Te importaría traerme otra? ¿Por favor?”
Taylor ofreció una sonrisa torcida a la pequeña rubia, después lanzó una mirada
a
la
morena que
la
observaba con
algo
parecido
a
regocijo. “Sin problema, ahora vuelvo” dijo, besando la frente de Torrey antes de volverse.
vista.
“Tienes razón, nos parecemos” rió Kat una vez Taylor estaba fuera de
“Mira, Kat...”
“Torrey,
no he
venido aquí para echar
lo tuyo
a
perder. Parece que finalmente has conseguido a tu artista, ¿eh?”
Torrey sonrió a modo de respuesta y afirmó con la cabeza.
“Bien”. Kat se inclinó y dio un tierno beso en la mejilla de Torrey. “Te mereces
cada
pedacito de
felicidad que
este
mundo
pueda ofrecerte,
mi pequeña amiga. Debo admitirlo, lamentaré no volver a verte”.
“Nunca digas nunca” reflexionó Torrey.
“Oh, he visto la mirada de ella. Tu número está definitivamente borrado. Cuídate, Torrey” dijo Kat, riendo mientras se volvía para encontrar a su cliente
en
medio de la muchedumbre.
“¿Está bien si vuelvo ya? No vas a trincarte otra copa de champán sólo
para deshacerte de mí?” preguntó Taylor en broma.
“Muy graciosa” dijo Torrey, aceptando la copa que la artista tenía sujeta.
“Vale. ¿Quién es realmente?” preguntó Taylor.
“Una... amiga” respondió Torrey tan sinceramente como podía.
“Mmm hmmm” dijo Taylor tomando un sorbo de su propia copa. “¿Estaba tu amiga disgustada con que no puedas volver a dormir con ella?”
Torrey sonrió y sacudió la cabeza. “Lo sabes todo, ¿verdad?”
“Cariño”
le
sonrió la mujer
más
alta
“hemos
tenido
vidas
separadas durante
quince años.
Estamos
obligadas a cruzarnos
con viejas
amantes ocasionalmente... tuyas y mías” añadió.
Torrey levantó una ceja mientras salían de la estancia.
“No te preocupes” dijo Taylor con un guiño. “Ninguna de las mías está
esta noche aquí. No creo que a ninguna de ellas les gustara lo suficiente. Pero,
¿de dónde la conoces?” preguntó Taylor tras pensárselo.
Torrey deslizó un brazo al rededor de la cintura de su amor y le dio un tierno achuchón. “Te contaré toda la historia cuando lleguemos a casa”.
“Trato hecho” dijo Taylor con un rápido beso en la coronilla de la mujer más pequeña. “Vamos”.
“¿A dónde vamos?”
“Hay gente
a la que alardearte” rió Taylor mientras se
dirigían hacia
Samantha y sus amigos del grupo.
“Dime, ¿qué
piensas?”
preguntó Taylor
a
Jessica mientras estaban tranquilamente en
el exterior,
tomándose un
descanso
del ruido
de la atmósfera de la fiesta de dentro.
“Creo que no puedo esperar a ganar medio millón de pavos haciendo algo
que
adoro hacer” respondió con una sonrisa.
Taylor sonrió a la joven. “Bueno, el precio me permite hacer lo que adoro
hacer”.
“¿Puedo cambiar de tema, Tay?”
“Por supuesto. ¿Qué te ronda la cabeza?”
“¿Le vas a pedir a mamá que se venga a vivir aquí?” preguntó Jessica lo más rotundamente posible.
Taylor la miró como su hubiera sido golpeada en la cabeza por su lado
ciego. “Bueno, yo... ummm, supongo que he asumido que ella... quiero decir,
que
ella no querría y...”
“¡Oh, no puedo creeros! No pienso hacerlo de nuevo...”. Jessica comenzó a dar vueltas frente a la artista y los ojos de Taylor se abrieron ligeramente ante la reacción de la joven. “Quince años... ¡vosotras dos sois de record guiness!
No me puedo creer que no hayáis
aprendido nada de todo esto. Ambas os calláis
como
tumbas
y
creéis saber
lo
que la
otra
piensa,
pero
¡no! Francamente, ¡creo que vuestra historia sobre creer saber lo que la otra piensa
me supera!”
Taylor estaba
sinceramente demasiado
aturdida
para decir
nada
en respuesta al arrebato de la joven.
“Bien, esta vez no pienso callarme y quedarme a un lado. Olvida esa lealtad y mantén tu boca cerrada. ¿Quieres saber lo que mamá quiere? No lo
adivinarías porque como he dicho ni te lo hueles. Te diré lo que me dijo: quiere que se lo preguntes, sin más ni más, eso es todo... ¡sólo necesita que tú tengas
el
cuidado suficiente como para
preguntárselo! Y si tú no lo haces... bien, entonces no sé que haré yo, ¡pero será algo
drástico! ¡Llamaré a tu madre!”
amenazó finalmente Jessica.
En esos momentos Taylor estaba cerca de romper a reír ante el fervor de
la joven. Alzó
ambas manos a modo de rendición. “Ve a buscarla y se lo
preguntaré”. Taylor no pudo aguantar más la risa.
“Oh” dijo JT suavemente y entonces sonrió profundamente a la artista.
“¡Vale!”
añadió con entusiasmo una vez que se dio cuenta que la artista se
refería a ese mismo momento.
“Nuestra hija piensa que debemos hablar... de nuestro futuro” comenzó
Taylor.
“¿Que?” susurró Torrey.
“Parece pensar que en lo que se refiere a leer la mente de otros, bueno,
estoy parafraseando, pero básicamente piensa que se nos da fatal. Me lo dijo
en términos no tan exactos, más bien”.
“No puedo decir que discrepe mucho con ella”. Torrey envolvió con sus
brazos un poco más fuertemente la cintura de su amada. “Tenemos que admitir que nuestro historial
puede hablar de perseverancia y longevidad, pero que
flojeamos
algo
cuando
se
refiere
a
revelar
nuestros
sentimientos”
terminó
Torrey. “¿Taylor?”.
“¿Hmmm?”
“¿Qué quieres que pase con nosotras? Y no quiero oír lo que crees que yo quiero, o lo que se supone que pueda ser lo mejor para Jess, o lo que creas
que
yo quiero oír. Quiero saber, sinceramente, que es lo que tú
quieres”.
Las
cejas
de Taylor
se
fruncieron
mientras miraba
al suelo
unos segundos.
Cuando miró los verdes ojos de la mujer que amaba, sintió ese
familiar cosquilleo de su
estómago. Era como si se enamorara de esa mujer
completamente de nuevo, siempre que Torrey sintiera lo mismo. Tomó el
rostro
de
la pequeña rubia entre ambas manos y besó ligeramente con sus labios los cálidos de Torrey.
“Quiero comprar tres billetes a Chicago. Quiero que las tres volvamos allí.
Quiero empaquetar
toda tu
vida pasada
y
todo lo que
quieras
coger
y
prepararlo todo para poder traerlo aquí. Entonces quiero que volvamos aquí y estar juntas como una familia el
resto de nuestras vidas”.
Taylor besó una vez más a Torrey, con un firme roce esta vez. Secó las lágrimas de Torrey con sus dedos y sonrió nerviosamente a la mujer más
pequeña.
“Eso es lo que quiero. Y tú, Tor, ¿qué quieres?”
“Quiero que me beses” dijo Torrey, presionando sus manos contra el pecho de la morena mujer para pararla momentáneamente. “Bésame con todo
lo que me amas” añadió Torrey.
Taylor capturó los labios de la mujer en un beso que dejaba poco a la
imaginación mientras se acercaba más a la pequeña rubia.
“¿Y?” preguntó Taylor.
“Quiero que me rodees con tus brazos” pidió Torrey, mientras la mujer más alta envolvía con sus brazos el pequeño cuerpo, acercando a Torrey más
hacia ella.
“¿Y?” continuó Taylor.
“Quiero que nunca, jamás, te alejes de mí” dijo Torrey finalmente mientras
su voz se rompía.
“Te amo, Little Bit” “Te amo, Stretch”.
“Nunca te dejaré ir... te lo prometo” dijo Taylor, inclinándose hacia el beso
que
las dos mujeres habían estado esperando casi dieciocho años, su beso de compromiso profundo.
Jessica y Val se cogieron las manos mientras veían la escena desde el balcón superior. Sin que las dos amantes de la vereda de debajo lo supieran, el
balcón de la galería del segundo piso se abrió por encima de donde ellas se encontraban. Sus murmuradas
palabras de amor no pudieron ser oídas por nadie
más, pero
el ardiente
beso que habían
compartido rodeadas
por el
clímax de su promesa eterna había sido visto por varias personas más.
“¿Porqué está Torrey Gray, la autora, con ella...?”. Un hombre dio un
pequeño codazo a su mujer. “La vi
en
Oprah”.
“Bueno”. La mujer que estaba junto a ella se sorbió la nariz. “¿Qué clase
de ejemplo dan?”
“¡El
mejor! dijeron Jess y Val al
unísono.